17/12/2020
La historia del transporte en México, al igual que en cualquier otra parte del mundo, está marcada tanto por los avances tecnológicos y las rutas exitosas como por los lamentables incidentes que nos recuerdan la importancia crítica de la seguridad y la precisión. A lo largo de las décadas, diversos accidentes han conmovido a la nación, dejando cicatrices imborrables y obligando a revisar protocolos y procedimientos. Uno de estos eventos que permanece en la memoria colectiva es el trágico destino del vuelo 100 de la aerolínea Aviacsa en 1990.

Aviacsa, o Aviación de Chiapas S.A., nació en 1988 bajo el impulso del gobierno del estado de Chiapas. Su misión inicial era fundamental: mejorar la conectividad dentro de la región, uniendo puntos clave que facilitaran el transporte de personas y mercancías. Con una flota inicial modesta compuesta por dos aviones IAI Arava y dos Fairchild F-27, la aerolínea comenzó a operar rutas vitales como Tuxtla Gutiérrez a Ciudad de México y Tuxtla Gutiérrez a Tapachula, buscando dinamizar la actividad económica y social del estado. Era una empresa manejada íntegramente por la administración estatal, lo que reflejaba su carácter de servicio público.

La mañana del 10 de mayo de 1990, el Aeropuerto Internacional de Tapachula era el punto de partida para un vuelo aparentemente rutinario. El vuelo 100 de Aviacsa, a bordo de un Fairchild F-27J, se preparaba para despegar con destino al Aeropuerto Internacional de Tuxtla Gutiérrez. Eran las 8:10 horas cuando la aeronave inició su carrera por la pista, llevando a bordo a 36 pasajeros y 4 miembros de la tripulación. La atmósfera a bordo era, para muchos, de expectación, ya que una parte considerable de los pasajeros eran peregrinos que se dirigían a Tuxtla con un propósito especial: dar la bienvenida al Papa Juan Pablo II, quien visitaría la ciudad. Entre los viajeros se encontraba una figura prominente, el Obispo de Tapachula, Luis Miguel Cantón, cuya presencia añadía una dimensión particular al grupo de pasajeros.
El vuelo transcurrió sin incidentes mayores durante la fase de crucero. A medida que se acercaban a su destino en Tuxtla Gutiérrez, la tripulación, compuesta por el capitán y el primer oficial, comenzó los preparativos para el aterrizaje. El primer oficial, siguiendo las instrucciones de control de tráfico aéreo y los procedimientos estándar, posicionó la aeronave para realizar la aproximación final a la pista 35 del aeropuerto. La aeronave estaba en la configuración adecuada para el aterrizaje: el tren de aterrizaje desplegado y los flaps extendidos, elementos cruciales para reducir la velocidad y aumentar la sustentación a bajas velocidades de aproximación.
Sin embargo, en una fase crítica de la aproximación, cuando ya estaban muy cerca del aeropuerto, los pilotos se percataron de un problema significativo: se encontraban demasiado altos para una aproximación estable y segura. Estar por encima de la trayectoria de descenso ideal (conocida como senda de planeo) en una etapa tan tardía de la aproximación puede ser peligroso, ya que intentar corregir la altitud de forma abrupta a baja altura aumenta la carga de trabajo de la tripulación y el riesgo de errores. Ante esta situación, y priorizando la seguridad, los pilotos tomaron la decisión correcta en principio: abortar el aterrizaje y realizar un procedimiento de 'Go-Around' o motor y al aire. Este procedimiento implica aumentar la potencia de los motores, recoger el tren de aterrizaje y los flaps gradualmente, y realizar un circuito para volver a intentar la aproximación.
La Maniobra Crítica y el Desplome
La ejecución de un Go-Around requiere precisión y seguir los procedimientos establecidos para cada tipo de aeronave. En este caso, los pilotos iniciaron el procedimiento. Parte de la maniobra implicaba realizar un giro. Decidieron realizar un giro cerrado a la izquierda para reposicionarse. Fue en este instante crítico cuando la situación se tornó fatal. Según la investigación posterior, la tripulación intentó este giro cerrado mientras la aeronave aún mantenía una configuración de 'full flaps' (flaps completamente extendidos) y el tren de aterrizaje abajo. Esta configuración, ideal para la aproximación final a baja velocidad, no es la óptima para una maniobra de giro ascendente o un Go-Around.
Con los flaps extendidos al máximo y el tren abajo, la aeronave experimenta una mayor resistencia al avance y requiere más potencia y un ángulo de ataque (la inclinación del ala respecto al viento) adecuado para mantener la sustentación. Al realizar un giro cerrado, especialmente a baja altura y velocidad, el ala interior del giro se mueve más lentamente que el ala exterior, lo que puede reducir la sustentación en esa ala. Si a esto se suma una configuración de alta resistencia (flaps y tren abajo) y un ángulo de ataque excesivo o una velocidad demasiado baja, el avión puede entrar en pérdida de sustentación. La pérdida de sustentación (o 'stall') ocurre cuando el flujo de aire sobre el ala se separa, dejando de generar la fuerza ascendente necesaria para volar.
En el caso del vuelo 100 de Aviacsa, el intento de giro cerrado con los flaps completamente extendidos y el tren abajo provocó exactamente esto. La aeronave, en una condición de alta resistencia aerodinámica, perdió bruscamente la sustentación. El avión comenzó a tambalearse violentamente de un lado a otro, un síntoma clásico de la entrada en pérdida. A baja altura, como era el caso, recuperar el control de una aeronave en pérdida es extremadamente difícil, si no imposible, debido a la falta de altitud para ganar velocidad y restablecer el flujo de aire sobre las alas. Los pilotos lucharon desesperadamente por recuperar el control, pero la aeronave ya estaba en una condición irrecuperable.
El Fairchild F-27J se desplomó contra el suelo, estrellándose a aproximadamente 3 kilómetros del aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez. El impacto fue devastador. La noticia del accidente conmocionó al país, especialmente por la proximidad de la visita papal y la presencia de peregrinos a bordo. De las 40 personas que iban en la aeronave, incluyendo 36 pasajeros y 4 tripulantes, 24 perdieron la vida en el impacto. Entre las víctimas se encontraba, lamentablemente, el Obispo Luis Miguel Cantón. La tragedia dejó un profundo luto en Chiapas y en la comunidad católica.
La Investigación y las Causas del Accidente
Inmediatamente después del accidente, las autoridades aeronáuticas mexicanas, representadas por la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), iniciaron una exhaustiva investigación para determinar las causas exactas de la tragedia. El análisis de los restos de la aeronave, las grabaciones de la cabina de voz (CVR) y los datos de vuelo (FDR), así como las entrevistas a los testigos y a los sobrevivientes, fueron cruciales para reconstruir los eventos de esa fatídica mañana.
Las conclusiones de la DGAC señalaron directamente al error de los pilotos como la causa principal del accidente. Específicamente, se determinó que la tripulación no manejó adecuadamente el procedimiento de Go-Around en la configuración en la que se encontraba la aeronave. El intento de realizar un giro cerrado a la izquierda con los flaps completamente extendidos y el tren de aterrizaje abajo generó una resistencia aerodinámica excesiva y una pérdida de sustentación crítica a baja velocidad y altitud. Este manejo incorrecto de la energía de la aeronave llevó a la entrada en pérdida y al posterior desplome.
La investigación también apuntó a la falta de experiencia de los pilotos con este tipo particular de aeronave y en la ejecución de procedimientos complejos como el Go-Around en condiciones no ideales. La transición de la aproximación abortada a la maniobra de ascenso y giro requiere entrenamiento específico y la aplicación rigurosa de listas de verificación para reconfigurar el avión (recoger flaps y tren de aterrizaje) de manera secuencial y a velocidades seguras. Parece que en este caso, la reconfiguración no se realizó correctamente o a tiempo, lo que contribuyó al estado de pérdida de sustentación.
Este accidente subrayó la vital importancia del entrenamiento continuo de las tripulaciones, especialmente en procedimientos de emergencia y maniobras no estándar. También resaltó la necesidad de entender a fondo las características de vuelo de cada aeronave bajo diferentes configuraciones. La seguridad aérea depende en gran medida de la habilidad y el conocimiento de quienes están al mando.

Sobrevivientes y el Futuro de Aviacsa
En medio de la devastación, hubo un rayo de esperanza. Milagrosamente, 16 de las 40 personas a bordo lograron sobrevivir al impacto. Aunque muchos resultaron heridos, su supervivencia fue un testimonio de la relativa absorción de energía de la cabina o su ubicación en partes menos afectadas de la aeronave. Los sobrevivientes brindaron testimonios valiosos que ayudaron a los investigadores a comprender los momentos finales del vuelo.
En cuanto a la aerolínea, a pesar de este trágico incidente, Aviacsa continuó operando durante más de dos décadas. Logró expandir sus rutas y su flota a lo largo de los años. Sin embargo, el futuro le deparaba otros desafíos. Finalmente, en el año 2011, Aviacsa cesó sus operaciones. La razón de su cierre no estuvo relacionada con la seguridad aérea per se, sino con problemas financieros significativos. La aerolínea acumuló adeudos considerables con entidades clave como el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y el Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP). Estas deudas hicieron insostenible su operación y le impidieron obtener los permisos necesarios para seguir volando. A pesar de los intentos por reestructurarse o encontrar inversionistas, le fue imposible reiniciar sus operaciones, lo que llevó a la suspensión indefinida de la venta de boletos y, eventualmente, a su desaparición del panorama aéreo mexicano.
El accidente del vuelo 100 de Aviacsa sigue siendo un recordatorio sombrío de los riesgos inherentes a la aviación y al transporte en general cuando no se cumplen los más altos estándares de seguridad, entrenamiento y procedimiento. Cada accidente es una lección dolorosa que impulsa a la industria a mejorar continuamente.
Tabla Resumen: Vuelo 100 de Aviacsa
| Detalle | Información |
|---|---|
| Fecha | 10 de Mayo de 1990 |
| Aerolínea | Aviacsa (Aviación de Chiapas S.A.) |
| Aeronave | Fairchild F-27J |
| Origen | Aeropuerto Internacional de Tapachula |
| Destino | Aeropuerto Internacional de Tuxtla Gutiérrez |
| Hora de Despegue | 8:10 horas |
| Ocupantes | 40 (36 Pasajeros, 4 Tripulación) |
| Fallecidos | 24 |
| Sobrevivientes | 16 |
| Causa Principal | Error de los pilotos durante Go-Around |
| Configuración Crítica | Giro cerrado con full flaps y tren abajo |
| Consecuencia Inmediata | Pérdida de sustentación (Stall) a baja altura |
Preguntas Frecuentes sobre el Accidente
¿Qué es un procedimiento de Go-Around o motor y al aire?
Es una maniobra estándar que realiza una tripulación de vuelo cuando, por diversas razones (mala aproximación, pista ocupada, cambio de viento, etc.), no es seguro continuar con el aterrizaje. Implica abortar la aproximación final, aumentar la potencia de los motores, ascender y reconfigurar la aeronave (replegar tren y flaps) para volver a intentar el aterrizaje o dirigirse a otro aeropuerto.
¿Por qué fue peligroso realizar un giro cerrado con 'full flaps' y el tren abajo?
Los flaps completamente extendidos y el tren de aterrizaje desplegado aumentan significativamente la resistencia aerodinámica de la aeronave. Esta configuración es adecuada para volar lento durante la fase final de la aproximación, pero no para realizar maniobras que requieran ascender o girar bruscamente. Un giro cerrado en esta configuración, especialmente a baja velocidad y altitud, puede causar que el ala pierda sustentación (entre en pérdida) debido a la combinación de alta resistencia, baja velocidad y el aumento de la carga alar durante el giro. Recuperarse de una pérdida a baja altura es casi imposible.
¿Qué significa que el avión entró en pérdida ('stall')?
Una pérdida ocurre cuando el flujo de aire sobre las alas se separa, generalmente porque el ángulo de ataque es demasiado alto para la velocidad del aire. Cuando el flujo de aire se separa, el ala deja de generar suficiente sustentación para mantener el vuelo. Esto provoca que el avión caiga. A baja altitud, no hay espacio para que la tripulación pueda reducir el ángulo de ataque, ganar velocidad y restablecer el flujo de aire sobre las alas, lo que resulta en un impacto contra el terreno.
¿Fue la falta de experiencia de los pilotos un factor clave?
Según la investigación, sí. La experiencia es crucial para manejar situaciones inesperadas o procedimientos complejos como un Go-Around, especialmente cuando las condiciones no son ideales. Una tripulación experimentada estaría más familiarizada con las limitaciones de la aeronave en diferentes configuraciones y sería más hábil para ejecutar la secuencia correcta de acciones (potencia, ángulo de ataque, retracción de tren y flaps) para salir de una aproximación sin incidentes.
¿Qué otros accidentes importantes han ocurrido en México?
México ha experimentado diversos accidentes a lo largo de su historia en diferentes modos de transporte, incluyendo otros incidentes aéreos significativos, así como numerosos accidentes terrestres. Cada uno de estos eventos tiene sus causas específicas y ha contribuido a la evolución de las normativas de seguridad en el país. Sin embargo, este artículo se centra en el lamentable suceso del vuelo 100 de Aviacsa, detallando los pormenores que llevaron a esta particular tragedia aérea.
¿Cuál es la principal causa de accidentes mortales en México?
Determinar una única 'principal causa' para todos los accidentes mortales en un país es complejo, ya que varían enormemente según el modo de transporte (aéreo, terrestre, marítimo) y las circunstancias específicas. En el caso particular del vuelo 100 de Aviacsa, como se detalla en este artículo, la investigación oficial concluyó que la causa principal fue el error humano, específicamente la ejecución incorrecta de un procedimiento de Go-Around por parte de la tripulación, exacerbado por la configuración de la aeronave y, posiblemente, por la falta de experiencia relevante. En el ámbito general del transporte, factores como el error humano, fallos mecánicos, condiciones ambientales adversas y problemas de infraestructura suelen estar entre las causas más comunes de accidentes, aunque su prevalencia varía significativamente entre los distintos tipos de transporte.
El accidente del vuelo 100 de Aviacsa es un capítulo doloroso en la historia del transporte mexicano. Sirve como un recordatorio perenne de la delicada danza entre la tecnología, el factor humano y las fuerzas de la naturaleza que definen la seguridad en los cielos y en la tierra. Las lecciones aprendidas de este y otros incidentes continúan impulsando mejoras en la formación de pilotos, los procedimientos operativos y la supervisión regulatoria, todo con el objetivo de prevenir futuras tragedias y proteger la vida de quienes confían en los sistemas de transporte.
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