What was General Patton's command car?

El Último Viaje de Patton: Accidente Fatal

03/10/2019

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George S. Patton Jr. fue una figura imponente en el teatro de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, un general conocido por su audacia, su agresividad en el combate y su indomable espíritu. Un guerrero por excelencia, forjado en la caballería y líder de las fuerzas blindadas que arrasaron Europa. Paradójicamente, el fin de este coloso militar no llegó en el fragor de la batalla, sino en un modesto y aparentemente trivial accidente de tráfico, un destino incongruente para un hombre que había desafiado a la muerte en innumerables ocasiones.

What happened to General Patton's car?
The radiator of the Cadillac was smashed,” wrote Farago in his final book, The Last Days of Patton, “but not a single window of the big car was broken. The right front fender of the sedan and the motor were pushed back, but no other part of the body had so much as a scratch.

La historia de los vehículos de Patton es variada, reflejando su estatus y sus necesidades operativas. Se habla de coches de mando equipados para la comunicación, como la restauración que incluyó una radio SCR 508, asientos de cuero auténtico duplicados, un portón trasero de transporte de armas Dodge adaptado como escritorio, y hasta un poste para ametralladora funcional que requirió refuerzos internos. Incluso se mencionan bocinas de aire que podían oírse a kilómetros de distancia. Estos vehículos eran herramientas de guerra, extensiones del propio general en el campo. Sin embargo, el coche que sellaría su destino no era un robusto vehículo de mando militar, sino un sedán civil adaptado.

Índice de Contenido

El Coche del Trágico Destino

En mayo de 1945, con la guerra en Europa concluida, el General Patton comenzó a utilizar un sedán Cadillac modelo 75 de 1938 como su coche oficial de estado mayor. Este vehículo, elegante pero no diseñado para el combate, se convirtió en su medio de transporte habitual en los meses posteriores a la victoria. Patton tenía un historial de conductores. Durante muchos años, su chófer de confianza fue el Sargento Mayor John L. Mims, un hombre con un récord impecable que nunca había tenido un solo percance. Patton despidió a Mims con una nota personal, elogiando su habilidad para conducirlo de manera segura por todo el mundo, bajo fuego enemigo y en las peores condiciones climáticas, sin siquiera abollar una aleta. Pero Mims dejó el servicio el 20 de mayo de 1945 para regresar a casa.

Su reemplazo fue un soldado de 19 años llamado Horace L. “Woody” Woodring. A pesar de haber sido degradado tres veces, Woodring tenía una característica que atraía a Patton: le encantaba la velocidad. A Woodring le gustaba ir a 110 km/h (70 mph), una velocidad considerable para la época y las condiciones. Patton, conocido por su propia propensión a correr riesgos y con un largo historial de accidentes personales a lo largo de su vida (nariz rota, tobillos, ambas piernas, costillas, múltiples heridas en la cabeza y cara por caídas y patadas de caballos, e incluso una herida de bala en la nalga de la Primera Guerra Mundial), congenió inmediatamente con el joven y temerario conductor. “Woodring es el más rápido y el que más se atreve”, bromeaba Patton. Pero esta afinidad por la velocidad y el riesgo era un signo ominoso para un hombre tan propenso a los percances.

Un Historial de Percances

Incluso antes de la llegada de Woodring, Patton había tenido ya dos incidentes cercanos con otros conductores del parque automovilístico local en el otoño de 1945. En uno de ellos, estuvo a punto de morir cuando un poste de un carro de bueyes le pasó a centímetros de la cabeza. Patton mismo recordó este incidente en sus memorias de posguerra, “La Guerra como la Conocí”. Creía firmemente que la presencia de vehículos civiles en las carreteras principales durante las operaciones militares causaba pérdidas de tiempo y vidas, y afirmaba que, en una guerra futura, prohibiría inflexiblemente su presencia, llegando a destruir los vehículos y disparar a los animales si fuera necesario, como había hecho en Sicilia, a pesar de las críticas de la prensa “ignorante”. Este incidente previo con el carro de bueyes resaltaba la peligrosidad de las carreteras europeas de la época y la mentalidad de Patton respecto a la disciplina vial en tiempos de guerra.

El Día del Accidente

El 9 de diciembre de 1945, el General Patton y su compañero, el General Hobart “Hap” Gay, se dirigían a cazar faisanes húngaros en la Alemania recién conquistada por los aliados. Era cerca del mediodía. Iban sentados en el asiento trasero del Cadillac, charlando. Woodring, al volante, mantenía la velocidad habitual de 110 km/h, adelantando a la policía militar y transeúntes, pasando por puntos de control y cruces de ferrocarril. Esta imprudencia, alentada por el propio general, estaba cortejando al desastre.

El fatídico momento llegó en un cruce de ferrocarril a las afueras de Mannheim, en el lugar curiosamente llamado “Valle del Bicho”. El Cadillac de Patton se detuvo, esperando que pasara un tren. Detrás de ellos, había un camión GMC del Cuerpo de Señales del Ejército con tres soldados que, al parecer, estaban de paseo después de una noche de juerga. Delante del Cadillac y del camión, un jeep de la policía militar con dos oficiales cruzó las vías una vez que la barrera se levantó. Cuando el coche de Patton comenzó a cruzar, el Teniente Peter K. Babalas del jeep MP escuchó un golpe amortiguado detrás de él. Al darse la vuelta, vio el gran y brillante coche de estado mayor enredado con el camión en una nube de polvo.

El Impacto y la Lesión

Los dos policías militares regresaron para investigar. La conclusión inmediata fue que el camión había chocado contra el coche de Patton al girar bruscamente a la izquierda justo cuando el Cadillac se movía. Woodring, el conductor de Patton, lo confirmó, afirmando que el conductor del camión (un soldado llamado T/5 Robert L. Thompson de Chicago) “no hizo ninguna señal con la mano. Simplemente giró contra mi coche”. Lo impactante del incidente fue que, según los informes, ninguno de los vehículos se movía a más de 30 km/h (20 mph) en el momento de la colisión.

El accidente parecía trivial. El radiador del Cadillac quedó destrozado, y la aleta delantera derecha y el motor fueron empujados hacia atrás, pero ni una sola ventana del coche se rompió, ni ninguna otra parte de la carrocería tenía un rasguño. Sin embargo, a pesar de la aparente menoridad del impacto, de las tres personas que iban en el coche, solo una resultó herida: el General Patton.

Patton inmediatamente sintió el daño. Dijo: “Me duele el cuello, teniente. Tengo problemas para respirar, Hap, muéveme los dedos”. El General Gay lo hizo, pero Patton seguía repitiendo: “¡Adelante, Hap, muéveme los dedos!”. Se había golpeado la cabeza contra el marco de acero del coche en el momento del impacto, y su cara estaba cubierta de sangre. La primera evaluación médica fue devastadora. El Capitán Ned Snyder, el primer médico en examinar al general, le dijo al Teniente Babalas: “Se ha roto el cuello. Necesita lo mejor que tenemos”.

Esta evaluación era precisa. Las lesiones en la médula espinal representaban un porcentaje significativo de las heridas sufridas por el personal militar estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Patton se convirtió en parte de esa estadística. En el trayecto de 20 minutos al hospital, se dio cuenta de la gravedad de su lesión: estaba totalmente paralizado del cuello para abajo.

La Lucha Final y el Inesperado Fin

Este fue el comienzo del triste, trágico y lento desenlace de uno de los comandantes más famosos de la Segunda Guerra Mundial. Un hombre con una carrera militar ilustre, graduado de West Point en 1909, que sirvió con Pershing en México y Francia, comandó el Cuerpo de Tanques en la Primera Guerra Mundial, y lideró divisiones y ejércitos blindados en el norte de África, Sicilia, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Ascendido a general de cuatro estrellas en abril de 1945, esperaba ser transferido al Pacífico para luchar contra Japón. En cambio, fue nombrado gobernador militar de Baviera, un puesto para el que fue considerado políticamente incorrecto por sus polémicas declaraciones sobre la desnazificación. Relevado de su mando por el General Eisenhower, esperaba órdenes para regresar a Estados Unidos cuando ocurrió el fatal accidente automovilístico.

Al día siguiente del accidente, el periódico Stars and Stripes informó del suceso como un asunto menor, afirmando que el General Patton se recuperaba con normalidad. Pero en realidad, estaba médicamente condenado desde el principio. Dos médicos discutieron el caso esa noche y su pronóstico fue sombrío: “Ninguna posibilidad de recuperarse. Muy poca o ninguna posibilidad de vivir”.

Fue un final incongruente para un guerrero condecorado con la Cruz por Servicio Distinguido, la Medalla por Servicio Distinguido, la Estrella de Plata, la Legión al Mérito, la Estrella de Bronce, y numerosas otras condecoraciones estadounidenses y extranjeras. El hombre que había luchado en dos guerras mundiales y perseguido a las fuerzas de Pancho Villa murió en la cama 11 días después del accidente, a la edad de 60 años, a causa de neumonía, provocado por un coágulo sanguíneo errante que causó insuficiencia cardíaca. En la fecha de su muerte prematura, el 21 de diciembre de 1945, Patton profetizó: “Voy a morir, hoy”. A las 5:45 pm, así fue, “con una parada repentina del corazón”. Fue enterrado en el Cementerio de Guerra Estadounidense en Hamm, Luxemburgo, cerca de las tumbas de los hombres que habían luchado bajo su mando.

What was General Patton's command car?
Patton's WC 56 Dodge command car and was seen in it in Sicily in 1943. The command car was roomy by 1943 standards and was suitable to carry both radios and long arms with room to carry passengers. It's major drawback was the silhouette it provided from the air and made an identifiable target for enemy plans.

Las Persistentes Teorías de Conspiración

Debido a la naturaleza improbable de su accidente y fallecimiento, y a que no hubo autopsia ni investigación formal posterior, los rumores de un “complot” para matar a Patton comenzaron y han persistido durante décadas. La idea de que un guerrero tan formidable muriera en un accidente automovilístico a baja velocidad, con daños mínimos en el vehículo, parecía inconcebible para muchos.

¿Quiénes podrían haber estado detrás de un supuesto complot? Las teorías señalan a varios grupos, basándose en quién podría haber tenido algo que ganar con la desaparición de Patton. Entre los posibles conspiradores mencionados se encuentran:

  • Los nazis derrotados, buscando venganza por su papel en la derrota de Alemania.
  • Los soviéticos, que temían que Patton, conocido por su postura anticomunista y su deseo de enfrentarse a la URSS, pudiera desencadenar una nueva guerra mundial.
  • Generales estadounidenses que estaban de acuerdo con los comunistas en que Patton era una amenaza para la paz o que simplemente querían verlo fuera de escena debido a sus polémicas.
  • Ladrones interesados en robar el oro nazi capturado por las tropas de Patton, un vasto tesoro descubierto en las minas de los Alpes bávaros.

El texto menciona explícitamente el descubrimiento del oro nazi en Merkers. Patton inicialmente quiso mantenerlo en secreto hasta identificarlo, pero la noticia se filtró. Se encontró el equivalente a mil millones de dólares en marcos de papel y, tras volar una puerta de acero, 4.500 lingotes de oro de 35 libras cada uno, valorados en 57.600.000 dólares. Patton lo consideró rápidamente un asunto político y pidió que alguien de SHAEF (Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada) se hiciera cargo. La existencia de este tesoro y su descubrimiento bajo la supervisión de Patton añade una capa más al contexto en el que surgieron las teorías de conspiración.

El Contexto Político de Posguerra

Patton no ayudó a su propia causa en los meses posteriores a la guerra. Lamentaba su retiro inminente, diciendo que “es un infierno ser viejo y estar pasado de moda”. Sus declaraciones públicas a menudo eran controvertidas, como cuando comparó a los nazis con los “demócratas y republicanos en Estados Unidos”. Incluso se rumoreaba que podría postularse para la presidencia contra Eisenhower, lo que lo habría puesto en un curso de colisión política con figuras poderosas. También se le acusó de mantener intactas unidades de las Waffen SS para una futura guerra contra los rusos y afirmó: “En mi opinión, nunca tuvimos una mejor oportunidad de producir otra guerra que la que tenemos en Europa ahora”. Su relevo del mando y su asignación a la tarea de compilar la historia militar (entrevistando a generales alemanes como Erich Brandenburger y Hasso von Manteuffel, un proyecto que no llegó a buen término) lo mantuvieron en el centro de atención, pero también lo hicieron vulnerable.

Aunque el biógrafo Ladislas Farago, según el texto, desestimó todas las teorías de complot como “tonterías”, no dejó de explorar a todos los posibles culpables que podrían haberse beneficiado de una muerte prematura de Patton y su eliminación del escenario político y militar.

El Cadillac y el Legado

El Cadillac de 1938, un símbolo de estatus y confort, se convirtió en el vehículo que llevó a uno de los generales más duros de la historia a un final inesperado. Contrasta fuertemente con los vehículos de combate y mando que Patton utilizó para forjar su leyenda. Mientras que los coches de mando representaban su poder y su conexión con el frente, el Cadillac del accidente representa la vulnerabilidad final, el destino que ni siquiera el “Viejo Sangre y Agallas” pudo superar.

Quizás el tributo más grande e inesperado a Patton provino de su mayor enemigo, Adolf Hitler, quien, a regañadientes, lo llamó “ese loco general vaquero” por su audacia y sus movimientos arriesgados con ejércitos enteros. Esa audacia en la batalla, que lo hizo legendario, contrastó bruscamente con el modo en que su vida terminó.

A continuación, ofrecemos una tabla comparativa de los conductores clave de Patton en el periodo final de su vida y algunas preguntas frecuentes sobre el incidente.

CaracterísticaSargento Mayor John L. MimsSoldado de Primera Clase Horace L. Woodring
Periodo como chóferDesde 1940 hasta mayo de 1945Desde mayo de 1945 hasta diciembre de 1945
ExperienciaVeterano, muchos años con PattonJoven, 19 años, degradado 3 veces
Estilo de conducciónSeguro, sin accidentes en añosTemerario, le gustaba la velocidad (110 km/h)
Relación con PattonConfiable, elogiado por su seguridadAgrado mutuo por el riesgo
ResultadoRegresó a casa de forma seguraInvolucrado en el accidente fatal

Preguntas Frecuentes sobre el Accidente de Patton

¿En qué coche iba el General Patton cuando tuvo el accidente?

Iba en un sedán Cadillac modelo 75 de 1938 que utilizaba como su coche de estado mayor desde mayo de 1945.

¿Cómo ocurrió el accidente que hirió a Patton?

Ocurrió el 9 de diciembre de 1945, cerca de Mannheim, Alemania. El Cadillac de Patton se detuvo en un cruce de ferrocarril. Al reanudar la marcha, un camión del ejército que venía detrás giró bruscamente a la izquierda sin señalizar e impactó contra el lateral del Cadillac. A pesar de que el impacto fue a baja velocidad (menos de 30 km/h) y los daños en el coche fueron relativamente menores, Patton sufrió una grave lesión en el cuello.

¿Murió el General Patton a causa del accidente?

Sí, murió 11 días después del accidente, el 21 de diciembre de 1945, a la edad de 60 años. Aunque la causa inmediata de la muerte fue neumonía y insuficiencia cardíaca debido a un coágulo sanguíneo, estas complicaciones fueron consecuencia directa de la parálisis y la lesión en la médula espinal que sufrió en el accidente.

¿Fue el accidente de Patton parte de un complot?

Las teorías de conspiración han persistido debido a la naturaleza inusual del accidente y la falta de una autopsia o investigación formal. Se ha especulado con la participación de nazis, soviéticos, generales estadounidenses o ladrones interesados en el oro nazi. Sin embargo, el texto proporcionado indica que biógrafos como Ladislas Farago desestimaron estas teorías, aunque exploraron las posibles motivaciones.

¿Dónde está enterrado el General Patton?

Está enterrado en el Cementerio de Guerra Estadounidense en Hamm, Luxemburgo.

El final de Patton sigue siendo un recordatorio de que incluso los individuos más grandes y poderosos están sujetos a los caprichos del destino, a veces de la manera más inesperada y mundana. Su vida, dedicada al combate y al riesgo calculado, terminó no por una bala o una explosión, sino por un giro inesperado en una carretera alemana.

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