14/08/2023
El 14 de noviembre de 2009, un viaje familiar de José Mármol a Pergamino se transformó en uno de los casos más conmocionantes y frustrantes en la historia reciente de Argentina. Fernando Pomar, su esposa Gabriela Viagrán, y sus pequeñas hijas María del Pilar y Candelaria, de tres y seis años respectivamente, partieron al atardecer en su Fiat Duna Weekend rojo con un destino claro y un propósito: la búsqueda de una oportunidad laboral para Fernando. Sin embargo, nunca llegarían a su destino, sumiendo a sus familiares y a todo un país en una angustia e incertidumbre que se prolongarían por 24 largos días, marcados por la desidia y una serie de especulaciones que rayaron en lo absurdo, hasta la revelación de un trágico final.

La familia Pomar dejó en casa a Franco, el hijo mayor de Gabriela, quien debía prepararse para un examen. Tras despedirse, continuaron su camino, un trayecto que debía ser rutinario pero que se interrumpió abruptamente. La falta de noticias y la imposibilidad de contactarlos generaron una alarma inmediata entre los familiares en Pergamino, lo que derivó en la denuncia de su desaparición al día siguiente. Se inició así una búsqueda que, desde el principio, se vería empañada por errores y una notable falta de dirección.

La Desaparición y la Incertidumbre
La denuncia por “averiguación de paradero” puso en marcha un operativo que, con el correr de las horas y los días, se convirtió en el foco de atención nacional. La desaparición de una familia completa era un hecho inusual y alarmante. La fiscal Karina Pollice, a cargo de la investigación en Pergamino, manejaba diversas líneas, pero ninguna parecía conducir a un resultado concreto. Las primeras pesquisas se centraron en rastrillajes por rutas y áreas cercanas, pero sin éxito aparente.
Mientras tanto, los medios de comunicación seguían el caso minuto a minuto, alimentando la preocupación pública. La presión social y mediática creció exponencialmente, pero la respuesta de las autoridades no parecía estar a la altura. Se hablaba de búsquedas extensas, por tierra y aire, pero los resultados no aparecían. La pregunta resonaba en cada rincón del país: ¿dónde estaban los Pomar?
Hipótesis Descabelladas vs. la Cruda Realidad
Ante la falta de pistas concretas, comenzaron a proliferar todo tipo de hipótesis, muchas de ellas disparatadas y sin ningún sustento real. Se llegó a decir que la familia había huido por problemas económicos o deudas, una teoría que luego se desestimó al comprobar que estaban al día con los pagos de su hipoteca. La profesión de Fernando, técnico químico, alimentó la especulación de que podría estar involucrado en el negocio de la efedrina, un tema de actualidad en ese momento. Se habló de un posible secuestro relacionado con el narcotráfico, de que se los había visto en otras provincias o incluso en el exterior.
Una de las teorías más dolorosas para la familia fue la que sugería un drama interno, con Fernando como un hombre violento que habría asesinado a su familia para luego suicidarse. Esta hipótesis se vio reforzada por la aparición de imágenes del peaje de Villa Espil, donde supuestamente Fernando aparecía con una expresión “desencajada”. Sin embargo, todas estas especulaciones desviaban la atención de lo que, desde el principio, era una posibilidad que debió ser explorada a fondo: un accidente de tránsito.
El Papel de la Investigación y la Inoperancia
La investigación estuvo plagada de fallos y inoperancia. A pesar de los supuestos rastrillajes masivos, la zona donde realmente se encontraba el auto accidentado no fue detectada. Lo más grave fue el testimonio de Casimiro Frutos, un albañil que el 16 de noviembre de 2009, solo dos días después de la desaparición, llamó al 911 para alertar que había visto un auto rojo volcado en la Ruta 31, cerca de la “Curva de Plazibat”. Frutos reiteró su llamado días después, pero su advertencia fue desestimada por las autoridades policiales de Pergamino, quienes supuestamente ya habían rastrillado esa área. Este hecho, que se revelaría crucial más tarde, demostró una falla garrafal en el procedimiento y la comunicación policial.
Las actas de rastrillaje presentadas por algunos policías resultaron ser falsas, indicando que se habían cubierto áreas que en realidad no fueron revisadas con la debida diligencia. Mientras tanto, la fiscal Pollice seguía barajando hipótesis como la desaparición voluntaria o involuntaria, el secuestro o el conflicto familiar, descartando la posibilidad del accidente, a pesar de que el vehículo se había perdido en una ruta.

El Trágico Hallazgo
La angustia terminó, pero de la peor manera, el 8 de diciembre de 2009. Después de 24 días de una búsqueda ineficaz, la familia Pomar fue encontrada muerta. El hallazgo fue realizado por un campesino (o el mismo Casimiro Frutos, según algunas versiones posteriores) que, movido por el fuerte olor o simplemente transitando por la zona, divisó el Fiat Duna volcado y semiescondido entre la vegetación a unos 39 metros de la Ruta 31, a 40 kilómetros de Pergamino. El auto estaba en el mismo lugar donde Casimiro Frutos había alertado.
Las pericias posteriores confirmaron lo que debió ser la hipótesis principal desde el inicio: un trágico accidente de tránsito. Según los informes, el auto se despistó tras “morder” la banquina, embistió una alcantarilla, volcó y sus ocupantes salieron despedidos. Los estudios forenses determinaron que ninguno de los cuatro integrantes de la familia llevaba puesto el cinturón de seguridad. Fernando Pomar falleció por fractura de cráneo, mientras que sus hijas murieron después. Gabriela Viagrán, la madre, fue la última en fallecer, agonizando durante varias horas en el lugar del siniestro con múltiples fracturas.
Las Consecuencias: Justicia y Responsabilidad
El descubrimiento de los cuerpos generó una ola de indignación en la sociedad argentina. La inoperancia y los errores cometidos durante la búsqueda quedaron brutalmente expuestos. Las autoridades policiales y políticas responsables fueron duramente cuestionadas. El entonces ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, pidió la renuncia de varios altos jefes policiales y se inició una investigación interna.
La familia de Gabriela Viagrán, liderada por su madre María Cristina Robert y con Franco Ricabarra como único sobreviviente directo, inició acciones legales para buscar justicia y responsabilidad. En el ámbito civil, la Justicia responsabilizó a la provincia de Buenos Aires por la muerte de la familia, atribuyendo un 70 por ciento de culpa al mal estado de la Ruta 31 y al deficiente servicio de búsqueda. El 30 por ciento restante de responsabilidad recayó sobre el conductor, Fernando Pomar, por no tener los neumáticos en buen estado y por la falta de uso del cinturón de seguridad por parte de los ocupantes. Franco y su abuela recibieron una indemnización.
En el ámbito penal, varios policías fueron imputados por “omisión de los deberes de funcionario público” y “falsificación ideológica” de las actas de rastrillaje. Aunque en primera instancia algunos fueron condenados, las apelaciones y el paso del tiempo llevaron a que la causa por omisión prescribiera y los condenados por falsificación fueran absueltos en segunda instancia. María Cristina Robert luchó incansablemente por la verdad y la justicia hasta su fallecimiento en 2020, dejando un legado de dolor ante la impunidad de quienes fallaron en su deber.

Un Legado de Dolor e Injusticia
A más de una década de la tragedia, el Caso Pomar sigue siendo un doloroso recordatorio de las fallas del Estado y la burocracia. La vida de una familia entera se perdió no solo por un accidente en una ruta en mal estado, sino también por una búsqueda ineficiente y desviada por especulaciones infundadas. Franco Ricabarra, el hijo que se salvó por no viajar, convive con el dolor de la pérdida y la sensación de injusticia. El caso evidenció la necesidad de protocolos más claros y efectivos en la búsqueda de personas, así como la responsabilidad del Estado en el mantenimiento de las rutas y la capacitación de sus fuerzas de seguridad.
La Ruta 31, que fue escenario de la tragedia, fue reparada posteriormente, un hecho lamentable que llegó después de que el caso cobrara notoriedad nacional. La historia de la familia Pomar es un símbolo de cómo la desidia y la falta de profesionalismo pueden tener consecuencias devastadoras, y un llamado de atención sobre la importancia de una investigación seria y apegada a los hechos, lejos de las conjeturas y la improvisación.
Preguntas Frecuentes sobre el Caso Pomar
¿Cuándo desapareció la familia Pomar?
La familia Pomar desapareció el sábado 14 de noviembre de 2009, mientras viajaban desde José Mármol hacia Pergamino.
¿Cuánto tiempo estuvieron desaparecidos?
Estuvieron desaparecidos durante 24 días, hasta que fueron encontrados el 8 de diciembre de 2009.
¿Cómo encontraron a la familia Pomar?
Fueron encontrados por un campesino que divisó su auto volcado al costado de la Ruta 31, semioculto entre la vegetación, después de que un testigo (Casimiro Frutos) hubiera alertado sobre la presencia de un auto volcado en la zona días antes, sin ser escuchado por la policía.

¿Dónde ocurrió el accidente de la familia Pomar?
El accidente ocurrió en la Ruta provincial 31, cerca de la localidad de Salto, a unos 40 kilómetros antes de llegar a Pergamino.
¿Por qué tardaron tanto en encontrarlos?
La demora se debió a la inoperancia policial y judicial, la falta de una dirección clara en la investigación, la desestimación de hipótesis como la del accidente vial, la proliferación de teorías falsas y la posible falsificación de actas de rastrillaje que indicaban que se había buscado en la zona donde finalmente fueron hallados.
¿Quién tuvo la culpa del accidente?
La Justicia determinó una responsabilidad compartida: 70% para la provincia de Buenos Aires por el mal estado de la Ruta 31 y el deficiente servicio de búsqueda, y 30% para Fernando Pomar por el estado de los neumáticos y la falta de uso de los cinturones de seguridad por parte de los ocupantes.
¿Hubo policías sancionados por el caso?
Varios policías fueron investigados y acusados por falsificación de actas de rastrillaje. Inicialmente, algunos fueron condenados, pero posteriormente fueron absueltos en segunda instancia.
¿Qué pasó con el hijo mayor, Franco?
Franco Ricabarra, hijo de Gabriela Viagrán de un matrimonio anterior, no viajó con la familia porque debía estudiar para un examen. Es el único sobreviviente directo y fue quien, junto a su abuela María Cristina Robert, llevó adelante el reclamo de justicia en los tribunales civiles y penales.
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