¿Cuándo y quién fue el creador de la industria del automóvil?

El Dodge de Pancho Villa: Testigo de la Historia

30/06/2022

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La historia de México está marcada por figuras que, surgidas de momentos cruciales, se convirtieron en símbolos imborrables. El movimiento armado de 1910 fue el escenario perfecto para que un hombre de las sierras norteñas, Doroteo Arango, mejor conocido como Francisco Villa, se transformara en el “rayo y azote” de la Revolución Mexicana. Villa no solo fue un líder militar excepcional, jefe de la temida División del Norte, sino también un personaje complejo cuya vida, incluso después de deponer las armas, siguió ligada a los vaivenes políticos del país.

Tras una década de lucha constante, el General Villa acordó con el gobierno interino de Adolfo de la Huerta un cese al fuego. En julio de 1920, se firmó la paz, y Villa, junto a un grupo reducido de sus hombres más leales, se retiró a la Hacienda de Canutillo, en Durango. Contrario a la creencia popular, Villa no recibió la hacienda como un regalo; la compró y la fue pagando en mensualidades a través de la Secretaría de Hacienda. En Canutillo, que encontró semi-abandonada, su primera obra fue la construcción de una escuela, demostrando su constante preocupación por la educación, incluso antes de terminar la casa que compartiría con su esposa, Austreberta Rentería.

¿Qué hizo el automóvil en la Revolución Industrial?
La fabricación de automóviles se convirtió en una de las primeras industrias en utilizar la cadena de montaje. El automóvil brindó a las personas mayor libertad personal y acceso a empleos y servicios. Impulsó el desarrollo de mejores carreteras y transporte . Se desarrollaron industrias y nuevos empleos para satisfacer la demanda de repuestos y combustible para automóviles.
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La Vida Retirada en Canutillo

La vida en la Hacienda de Canutillo fue una vuelta a las raíces campiranas para Villa. Después de años de cabalgar por llanos y montañas dirigiendo a sus tropas en combate, ahora conducía a sus antiguos “dorados” por los surcos fértiles de sus tierras. Villa había dado su palabra de no inmiscuirse en la política mientras durara el mandato de Álvaro Obregón, y cumplió fielmente. Se convirtió en un vigilante del gobierno, al punto de que en 1922, cuando dos enviados del General Francisco Murguía intentaron convencerlo de levantarse en armas contra Obregón, Villa los escuchó atentamente y, sin dudarlo, los detuvo y entregó al comandante de la plaza de Parral, reafirmando su lealtad al gobierno de la República. El presidente Obregón, lejos de desconfiar, lo felicitó por su acto patriótico, desmintiendo las acusaciones de que Villa planeaba un nuevo levantamiento.

Villa disfrutaba de la vida en el campo, de convivir con sus hijos y de sus pasiones, como las peleas de gallos, para las que tenía animales de gran calidad. Un visitante frecuente a la hacienda era Melitón Lozoya, con quien compartía esta afición. Un incidente con Lozoya, quien supuestamente se llevó objetos de la hacienda, tensó su relación. Villa le dio un mes para devolverlos, pero Melitón nunca regresó. Este suceso es relevante porque Melitón Lozoya sería, años después, uno de los principales implicados en su asesinato.

El Comienzo del Fin: El "Problema" Villa

A pesar de su retiro y aparente lealtad, Villa se fue quedando solo. Obregón no confiaba plenamente en él. Cuando el presidente se enteró de que Villa se había hecho compadre de Eugenio Martínez, comandante de operaciones del estado, y de Enrique León Ruiz, jefe de la guarnición de Parral, ambos militares de alto rango en Chihuahua, Obregón reaccionó de inmediato y los reubicó lejos de Villa: Martínez a Tamaulipas y León Ruiz a Oaxaca. Estos generales le habían prometido protección a Villa mientras estuvieran en sus puestos, pero su traslado dejó al Centauro más vulnerable.

Un encuentro casual con Plutarco Elías Calles, entonces candidato a la presidencia, sellaría el destino de Villa. Calles le preguntó si lo apoyaría en su candidatura. La respuesta de Villa fue clara y condicionada: "Depende, si estás con la legalidad y con el pueblo sí, si no, no". Para muchos historiadores, esta respuesta fue su sentencia de muerte. El gobierno, particularmente Obregón y Calles, consideraban que el único "problema" para la estabilidad del país era Pancho Villa. Se dispuso de dinero para encontrar a los hombres dispuestos a eliminarlo.

Se reclutó a un grupo de individuos para llevar a cabo el asesinato. Entre ellos se encontraban Melitón Lozoya y Ruperto Vara (el más joven, de apenas 17 años), Juan y José López Sainz Pardo, Román y José Guerra (primos, no hermanos), Jesús Salas Barraza, Librado Martínez y José Barraza. Estos hombres esperaron su oportunidad durante varios días en Parral.

Hubo al menos dos intentos fallidos antes del fatal. En uno, Melitón Lozoya ordenó no disparar porque vio que Villa estaba acompañado por su tío Sabas Lozoya, amigo cercano del general. El segundo intento, el más conocido, ocurrió cuando Villa, en su coche Dodge, pasó frente a la casa donde los asesinos se escondían. Un grupo de niños que jugaban en la calle se atravesó para saludarlo. Villa, quien siempre tuvo un aprecio especial por los niños y su educación, se detuvo, y sin saberlo, esos niños le salvaron la vida en ese momento.

El Fatídico 20 de Julio de 1923

Pero la muerte ya estaba anunciada. Cerca de las 8 de la mañana del 20 de julio de 1923, Francisco Villa y seis acompañantes viajaban en su automóvil por las calles de Parral, Chihuahua. La conversación en el coche era probablemente la habitual. Los tripulantes iban distribuidos de la siguiente manera: al frente, conduciendo, iba el propio Pancho Villa, acompañado de Miguel Trillo. En el asiento trasero iban Rafael Medrano, Claro Hurtado y Daniel Tamayo. Ramón Contreras viajaba en un pequeño banquillo en el espacio entre los asientos. Rosalio Rosales iba de pie en uno de los estribos del coche.

Al pasar el Dodge por la calle donde los asesinos se ocultaban en la casa número 9, una ráfaga de balas se desató sobre el vehículo. El ataque fue a quemarropa. Francisco Villa fue el primero en caer, recibiendo 14 impactos de bala, muriendo casi instantáneamente. Miguel Trillo intentó levantarse, pero cayó colgado de la puerta. Daniel Tamayo no pudo siquiera bajar del auto. Rosalio Rosales y Claro Hurtado, aunque lograron bajar del vehículo, no tuvieron tiempo de reaccionar y fueron abatidos rápidamente.

De los siete ocupantes del coche, solo dos sobrevivieron. Aunque comúnmente se menciona solo a Ramón Contreras, quien perdió el brazo derecho a causa de las heridas, Rafael Medrano también sobrevivió al refugiarse bajo el puente Guanajuato. Medrano se recuperó de sus heridas e incluso llegó a participar en el levantamiento de la Renovadora en 1929. De los asesinos, solo Román Guerra murió, abatido por un disparo de la pistola de Ramón Contreras. Los conspiradores no huyeron de inmediato; Librado Martínez incluso regresó a recoger un rifle olvidado. Poco después, Manuela Casas, una de las esposas de Villa, llegó al lugar y, según algunos relatos, alcanzó a despedirse del caudillo.

El Testigo Silencioso: El Coche de Villa

El automóvil en el que viajaba Francisco Villa el día de su muerte se convirtió en un testigo mudo de la historia. Se trata de un coche marca Dodge 1919. Este vehículo es hoy en día una de las piezas más preciadas del Museo Casa de Villa, también conocido como la "Quinta Luz", en la ciudad de Chihuahua.

Este museo se encuentra precisamente en la que fuera la última morada del General Villa. Doña Luz Corral, su esposa legítima, legó la propiedad al Ejército Mexicano en marzo de 1981, poco antes de morir allí mismo a los 90 años. Gracias a la labor del Ejército, el lugar se conserva en excelentes condiciones y alberga numerosas pertenencias del caudillo.

El coche Dodge, con las marcas visibles de los impactos de bala, es el objeto central de la colección. Sin embargo, su historia tras el asesinato no fue sencilla. El automóvil estuvo escondido durante 12 años por un hombre llamado Pablo Murguía, quien intentó venderlo a Doña Luz Corral a un precio elevado. Fue el gobernador del estado en 1935, el General Rodrigo M. Quevedo, quien ordenó la recuperación del vehículo y su entrega a la viuda de Villa.

La Autenticidad del Vehículo

Durante años, la autenticidad del Dodge exhibido en el museo de Chihuahua ha sido objeto de controversia. Algunos historiadores y guías de turistas han afirmado que el coche original se encuentra en un hotel en Las Vegas. Sin embargo, esta afirmación carece de pruebas sólidas, ya que nadie ha podido ubicar o confirmar la existencia de dicho coche en la ciudad estadounidense.

La evidencia fotográfica desmiente categóricamente esta teoría. Al comparar las fotografías tomadas inmediatamente después del asesinato en 1923 con las imágenes actuales del coche que se encuentra en el Museo Casa de Villa, se pueden identificar los mismos impactos de bala en idénticas posiciones. Por ejemplo, un impacto de bala visible en la fotografía histórica justo donde cae el saco del General Trillo, se corresponde perfectamente con una marca en el mismo lugar en el vehículo actual. Estas coincidencias, en la forma y ubicación de las perforaciones, confirman que el Dodge modelo 1919 que se exhibe en Chihuahua es, sin lugar a dudas, el auténtico testigo del asesinato de Francisco Villa.

El coche fue adquirido por Villa en la armadora Ford de Parral, que en aquella época vendía otras marcas de vehículos, además de tractores y maquinaria agrícola. Los comprobantes de pago mensuales a nombre de Ford de Parral existen y respaldan esta compra, según ha confirmado el nieto de Villa, Francisco Ignacio Villa Betancourt.

El Legado de Villa y Sus Asesinos

La vida de los asesinos de Villa, a pesar de su infame acto, fue en su mayoría ordinaria después de 1923. Uno de ellos, Jesús Salas Barraza, llegó a representar a México en los primeros Juegos Centroamericanos en 1926. Cuando la prensa descubrió su identidad, su respuesta, condicionando una entrevista al pago de dinero, reflejó la bajeza de su acto. Estos hombres pasaron a la historia no por sus méritos, sino por la identidad de su víctima. Una vez más, el General Villa, incluso en la muerte, hizo famosos a sus enemigos.

A cien años de su fallecimiento, Francisco Villa sigue siendo una figura que resuena profundamente en el corazón de la gente, tanto en México como fuera del país. Su grito, ¡Viva Villa!, todavía se escucha, y su figura inspira a actores y representaciones culturales. La capacidad del Villa real para mover masas con su sola presencia es un testimonio de su carisma y su impacto duradero en la historia de México.

Preguntas Frecuentes sobre el Coche y la Muerte de Villa

Aquí respondemos algunas preguntas comunes sobre el coche de Pancho Villa y su asesinato:

  • ¿Qué marca y modelo era el coche de Pancho Villa?
    Era un automóvil marca Dodge, modelo 1919.
  • ¿Dónde fue asesinado Pancho Villa?
    Fue asesinado en una emboscada en Parral, Chihuahua, el 20 de julio de 1923.
  • ¿Quiénes viajaban con Villa en el coche?
    Viajaban con él seis acompañantes: Miguel Trillo, Daniel Tamayo, Rosalío Rosales, Claro Hurtado, Rafael Medrano y Ramón Contreras.
  • ¿Cuántos ocupantes del coche sobrevivieron al ataque?
    Sobrevivieron dos personas: Ramón Contreras y Rafael Medrano.
  • ¿Quiénes fueron los principales asesinos de Pancho Villa?
    Se considera que un grupo fue el responsable, incluyendo a Melitón Lozoya, Ruperto Vara, Juan y José López Sainz Pardo, Román y José Guerra, Jesús Salas Barraza, Librado Martínez y José Barraza. Políticamente, se cree que Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón estuvieron detrás del plan.
  • ¿Dónde se encuentra actualmente el coche donde murió Pancho Villa?
    El coche auténtico se exhibe en el Museo Casa de Villa (Quinta Luz) en Chihuahua, Chihuahua.
  • ¿Es auténtico el coche del museo?
    Sí, la autenticidad del coche en el Museo Casa de Villa ha sido confirmada mediante la comparación de los impactos de bala con fotografías históricas del vehículo tomadas inmediatamente después del asesinato.

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