21/10/2019
El mundo del automovilismo de lujo y la exclusividad alcanza cotas inigualables cuando hablamos de vehículos utilizados por la realeza. Estos coches no son meros medios de transporte; son símbolos de estado, testigos de la historia y, en ocasiones, piezas únicas de ingeniería y artesanía. Entre los más emblemáticos se encuentra un modelo que ha servido a dos casas reales de gran relevancia: el legendario Rolls-Royce Phantom IV. Pero, ¿qué otros vehículos forman parte de las flotas reales y cómo han evolucionado a lo largo del tiempo?

- El Legendario Rolls-Royce Phantom IV: Un Símbolo de Poder y Elegancia
- Más Allá del Phantom IV: La Diversa Flota Británica Actual
- Un Paseo por la Historia Automotriz Real Británica: La Era Daimler
- El Legado del Phantom IV en España: Un Coche para la Historia
- Los Coches de la Familia Real Española Hoy: Tradición y Modernidad
- Tabla Comparativa: Coches Reales Emblemáticos
- Preguntas Frecuentes sobre los Coches Reales
El Legendario Rolls-Royce Phantom IV: Un Símbolo de Poder y Elegancia
Si hay un coche que encarna la máxima exclusividad en la historia del automóvil, ese es, sin duda, el Rolls-Royce Phantom IV. Fabricado en un periodo muy limitado, entre 1950 y 1956, su producción fue extremadamente reducida. Solo se crearon dieciocho unidades, y de estas, dieciséis afortunadamente se conservan en la actualidad. La particularidad más asombrosa de este modelo es que no estaba disponible para el público general; fue diseñado y vendido exclusivamente a jefes de estado y casas reales. Esta política de venta tan restrictiva cimentó su estatus como uno de los automóviles más elitistas jamás construidos.
Una de las figuras que convirtió al Phantom IV en un verdadero icono automovilístico fue la Reina Isabel II del Reino Unido. Al ascender al trono en 1952, proclamó este modelo como el coche oficial de la realeza británica. La unidad que adquirió, incluso antes de su coronación cuando aún era Princesa Isabel junto al Duque de Edimburgo, era originalmente de color verde, al ser una posesión privada. Sin embargo, al convertirse en "coche real", fue rápidamente repintado con los colores oficiales de la casa real británica: un distintivo burdeos y negro. Este vehículo particular era una limusina de siete plazas, con un diseño interior que diferenciaba la parte delantera, tapizada en azul, de la posterior, en gris. Alcanzaba una potencia considerable para la época, 165 CV, aunque su verdadera fortaleza residía en otra cualidad.

El Phantom IV es célebre por ser el único modelo de Rolls-Royce equipado con un motor de ocho cilindros en línea. Esta configuración mecánica, inusual para la marca, le permitía una capacidad excepcional para recorrer largas distancias a muy baja velocidad. Esta característica lo convertía en el vehículo ideal para ceremonias y desfiles, permitiendo a los ocupantes ser vistos por el público durante prolongados periodos sin esfuerzo aparente para el motor. Es un coche diseñado específicamente para la pompa y la solemnidad de los actos de alta representación. La icónica estatuilla del Espíritu del Éxtasis, que adorna el frontal de los Rolls-Royce, presenta una pose única en el Phantom IV: en lugar de estar erguida, adopta una posición de rodillas y ligeramente inclinada hacia delante, una reverencia simbólica hacia sus distinguidos pasajeros, añadiendo un toque de deferencia y exclusividad inigualable. Además, cada una de las dieciocho unidades fue carrozada de manera completamente personalizada por diferentes artesanos, asegurando que cada Phantom IV fuera una obra de arte única, adaptada a los gustos y necesidades de su real o presidencial propietario.
Muchos consideran al Phantom IV como el último auténtico "carruaje real" en el sentido moderno. Desde su fabricación, pocos vehículos han sido concebidos con una intencionalidad tan clara y específica de servir a la alta representación del Estado como propósito primordial. Las dieciséis unidades que han sobrevivido al paso del tiempo, que pertenecieron a figuras como el Emir de Kuwuait o el Sha de Persia, se encuentran hoy en día en colecciones públicas, privadas o en museos, preservando su legado histórico y automovilístico.
Más Allá del Phantom IV: La Diversa Flota Británica Actual
Aunque el Phantom IV sigue siendo un coche de gran valor histórico y ceremonial, la flota de vehículos de la Casa Real Británica en la actualidad es mucho más amplia y diversa. La colección principal de vehículos de estado se mantiene en las Royal Mews, las caballerizas reales en el Palacio de Buckingham, aunque también se almacenan en otras residencias según sea necesario. Esta flota está compuesta por varios tipos de vehículos, cada uno con un propósito específico para las diferentes necesidades de la familia real.
Los "State Cars" son los vehículos principales utilizados para actos públicos y ocasiones ceremoniales por el monarca y aquellos que lo representan. Actualmente, esta flota incluye cinco vehículos de alta gama: dos Bentleys y tres Rolls-Royces. Estos coches son los que se emplean en las ocasiones de estado y formales, y también pueden ser utilizados por miembros de alto rango de la familia real en sus deberes oficiales. Su uso no se limita al Reino Unido, ya que también han acompañado al monarca en viajes al extranjero y se ponen a disposición de jefes de estado que visitan el país. Una característica distintiva de los State Cars es que no exhiben placas de matrícula. Están pintados con los colores oficiales de la realeza: un profundo color vino conocido como Royal Claret por debajo de la línea de cintura, y Masons Black por encima, con una discreta línea fina de color bermellón.
Estos imponentes vehículos suelen ser limusinas de batalla larga, diseñadas para ser dignas y visibles. Cuentan con asientos plegables (jump seats) y motores potentes, aunque su uso principal sea a baja velocidad en desfiles. Características como techos elevados, iluminación interior brillante, ventanas ampliadas y techos solares están pensadas para permitir que el público vea claramente a los ocupantes. En el techo, estos coches llevan accesorios para colocar un escudo y un banderín. Cuando el soberano viaja, se muestra el escudo de las Armas Reales del Reino Unido y el Estandarte Real. Para otros miembros de la familia real o representantes, se usan otros escudos o un escudo rojo con una corona, especialmente en procesiones. Estos escudos pueden estar iluminados por la noche.
Además de los State Cars principales, las Royal Mews mantienen otros vehículos para usos oficiales. Los "State Royal Review Vehicles" son coches modificados específicamente para desfiles y ceremonias, como los que se usan para pasar revista a las tropas. Actualmente, hay dos Range Rovers con esta configuración especial, y al igual que los State Cars, no llevan matrícula. La flota también incluye una variedad de Land Rovers, Range Rovers estándar, furgonetas de equipaje y minibuses para el uso oficial general de la familia real y su personal. A diferencia de los State Cars y Review Vehicles, estos sí llevan placas de matrícula, al igual que los vehículos personales del monarca y otros miembros de la familia real.
Todos estos vehículos son conducidos por un equipo de chauffeurs reales altamente capacitados, supervisados por el Head Chauffeur. El Head Chauffeur, Deputy Head o Assistant Head Chauffeur son los únicos que conducen al monarca, mientras que otros "first chauffeurs" se encargan de otros miembros de la familia y los "second chauffeurs" realizan tareas generales. Estos profesionales también son responsables del mantenimiento diario de la flota automotriz.

Un Paseo por la Historia Automotriz Real Británica: La Era Daimler
La fascinante historia de los coches de la realeza británica se remonta a principios del siglo XX. La primera incursión motorizada en las Royal Mews ocurrió en 1901, cuando la Reina Alexandra adquirió un coche eléctrico Columbia para usar en la finca de Sandringham. Sin embargo, la era de los coches de estado realmente comenzó con la marca Daimler.
Durante la primera mitad del siglo XX, Daimler fue invariablemente la elección para los coches de estado del monarca. La compañía, pionera en la industria automotriz británica, también construyó vehículos para otros miembros de la familia real. Los coches reales de este periodo solían tener carrocerías personalizadas, y Hooper & Co. fue el carrocero preferido para los vehículos del monarca, continuando una relación que ya existía para los carruajes tirados por caballos desde 1830.
El primer miembro de la realeza en abrazar el automóvil fue el Rey Eduardo VII. Cuando aún era Príncipe de Gales, recibió su primer coche, un Daimler de 6 hp, en junio de 1900. Hooper & Co. construyó la carrocería de este "mail phaeton". Eduardo VII se convirtió en un entusiasta promotor de los "carruajes sin caballos" y encargó más Daimlers. Tras ascender al trono en 1901, otorgó a Daimler su "Royal Warrant" (orden real), adaptó parte de las Royal Mews para convertirla en garaje y encargó un nuevo Daimler de 22 hp. Aunque usaba sus coches para viajar, inicialmente no los empleaba para ceremonias de estado en el Palacio, donde aún se preferían los carruajes. El primer uso oficial en un acto público fue en 1904. A lo largo de su reinado, Eduardo VII poseyó diez Daimlers, actualizando su flota regularmente. También tuvo coches privados de otras marcas como Mercedes y Renault, pero para ocasiones oficiales siempre usaba un Daimler. Fue durante su época que comenzaron a establecerse convenciones que perduran, como el uso del color claret, la pintura de escudos o distintivos reales en las puertas, el uso de mascotas personales en el radiador (como la figura de Britannia para Jorge V), y la visualización de las armas reales en un escudo o bandera.
El Rey Jorge V, que sucedió a su padre en 1910, continuó la tradición Daimler. Para su coronación, ya contaba con una flota considerable. Sus coches principales eran Daimlers de 57 hp con motor de seis cilindros en línea. Tanto él como la Reina María a menudo se sentaban en los asientos centrales plegables en ocasiones oficiales para ser mejor vistos. Aunque sabía conducir, Jorge V nunca lo hacía en público. Bajo su reinado, se clarificaron otras convenciones, como el uso de parrillas de radiador pintadas de negro en los coches de estado (hasta la Segunda Guerra Mundial) y la instalación de una luz azul para señalar la presencia del Rey por la noche. La distinción entre vehículos de estado y vehículos personales del monarca también se hizo más clara, dejando estos últimos de estar exentos de matrícula. En los años 20 y 30, Jorge V adquirió nuevos modelos Daimler, incluyendo los potentes Double-Six con motor V12 y, notablemente, en 1930 encargó cinco nuevos Daimlers con el innovador sistema de transmisión de volante fluido, en parte para apoyar la industria británica durante la Gran Depresión.
Su hijo, Eduardo VIII, que reinó brevemente, heredó el coche del Jubileo de Plata de su padre y introdujo un Humber Pullman y un nuevo Daimler Straight-Eight como coche de estado. También tuvo coches privados de marcas como Buick y Ford. Por su parte, Jorge VI, que ascendió al trono tras la abdicación de su hermano, tenía una preferencia por los coches Lanchester (fabricados por Daimler). Llevó sus Lanchesters personales a las Mews y encargó nuevos Daimlers de estado. Durante su reinado, se introdujo la innovación de un panel de techo de cristal triplex en las landaulettes para mejorar la visibilidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, se le proporcionaron Daimlers blindados por parte del Ministerio de Guerra. Tras la guerra, se inició un proceso de renovación de la flota de estado con nuevos Daimlers DE 36. Jorge VI prefería las landaulettes, ya que le permitían a él y a la Reina ser vistos al bajar la capota trasera. Estos Daimlers de posguerra también se utilizaron en giras reales por el extranjero.
El cambio hacia Rolls-Royce como fabricante principal de los coches de estado comenzó a finales de la década de 1940. Aunque la Princesa Isabel y el Duque de Edimburgo recibieron un Daimler como regalo de bodas en 1948, el interés del Duque por un vehículo experimental en la fábrica de Rolls-Royce llevó al desarrollo del primer Phantom IV. Este coche, entregado a la pareja en 1950, marcó el inicio de una nueva era.
El Legado del Phantom IV en España: Un Coche para la Historia
La exclusividad del Rolls-Royce Phantom IV no se limitó a la realeza británica. Como se mencionó, estos vehículos fueron adquiridos por jefes de estado y otras casas reales. España es un ejemplo notable de ello. En 1952, Francisco Franco adquirió tres ejemplares de este codiciado modelo. Estas unidades, dos limusinas (de cinco y siete plazas) y un descapotable, fueron carrozadas de manera personalizada por la firma británica H. J. Mulliner & Co. y contaban con blindaje para garantizar la seguridad de sus ocupantes. El pedido fue formalizado por la Jefatura del Estado, pero la propiedad recayó en el Ejército de Tierra, que es la entidad que los custodia hasta el día de hoy en la sala histórica de la Guardia Real en Madrid.
Estos tres Rolls-Royce Phantom IV españoles se han convertido en vehículos de estado de gran valor histórico y ceremonial. Su uso está reservado para los eventos más importantes y solemnes de la monarquía española y la representación del Estado. Han sido testigos de momentos cruciales en la historia reciente de España. Por ejemplo, uno de ellos fue utilizado por el Rey emérito Juan Carlos I para acudir a su proclamación en 1975. Posteriormente, el mismo coche transportó a los entonces Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, a su boda en 2004. Más recientemente, en 2023, la Princesa Leonor llegó al Congreso de los Diputados en uno de estos históricos Phantom IV para su Jura de la Constitución, acompañada por su hermana, la Infanta Sofía. En cada una de estas ocasiones, el lujoso e histórico Phantom IV ha aportado un toque inigualable de solemnidad y elegancia, convirtiéndose en un protagonista automovilístico de la historia de España.

Así, los Rolls-Royce Phantom IV no solo son un icono de la realeza británica, sino que también forman parte del patrimonio histórico y ceremonial de España, demostrando la perdurabilidad y el estatus único de este modelo.
Los Coches de la Familia Real Española Hoy: Tradición y Modernidad
Si bien los históricos Rolls-Royce Phantom IV siguen utilizándose para los actos de estado más importantes en España, la flota de vehículos que emplea la familia real española para sus desplazamientos diarios, oficiales de menor rango o incluso personales, es diferente y muestra una adaptación a los tiempos modernos.
El Rey Felipe VI, en sus momentos más privados y durante sus vacaciones, ha demostrado ser un entusiasta de la conducción, poniéndose él mismo al volante. Para estos usos más personales y familiares, el monarca ha sido visto utilizando vehículos de la marca española Cupra. La Casa Real mantiene un acuerdo con esta marca catalana, lo que se refleja en el uso de sus modelos.
Uno de los vehículos que ha utilizado el Rey Felipe VI es el Cupra Formentor VZ. Este modelo, fabricado íntegramente en Martorell (España), es una de las versiones más deportivas de la gama Formentor. Cuenta con un motor de gasolina 2.0 TSI de cuatro cilindros que le permite alcanzar los 333 CV, con una aceleración de 0 a 100 km/h en menos de cinco segundos. Incorpora características de alto rendimiento como frenos Akebono, el sistema Torque Splitter (que mejora la estabilidad en conducción deportiva) e incluso un modo Drift para uso en circuito. Esta configuración VZ eleva el precio del vehículo a unos 57.000 euros, destacando su carácter deportivo y moderno. El Rey ha sido visto al volante de este modelo, por ejemplo, durante sus vacaciones de verano en Mallorca en 2024 y para celebraciones familiares como el día de Reyes.
Además de la versión de gasolina, el Rey Felipe VI también ha sido visto utilizando la versión electrificada del Cupra Formentor: el modelo híbrido enchufable. Esta variante es particularmente relevante en el contexto actual de movilidad y sostenibilidad. Ofrece una autonomía eléctrica de hasta 100 kilómetros y potencias de 204 o 272 CV. Al ser un híbrido enchufable con más de 40 km de autonomía eléctrica, recibe la etiqueta Cero de la Dirección General de Tráfico (DGT). Este distintivo azul permite la circulación por las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) de las ciudades, un aspecto cada vez más importante en la movilidad urbana. El uso de este modelo híbrido por parte del monarca, como el avistado en la visita a casa del padre de la Reina Letizia en enero, subraya una elección consciente hacia vehículos más eficientes y respetuosos con el medio ambiente para ciertos desplazamientos.
En contraste con la solemnidad y el lujo histórico de los Phantom IV utilizados en ceremonias de estado, el uso de modelos como el Cupra Formentor para desplazamientos personales y familiares muestra una faceta más moderna y, en cierto modo, más cercana a la ciudadanía, al optar por vehículos producidos en el país y con tecnologías actuales.
Tabla Comparativa: Coches Reales Emblemáticos
| Modelo | Propietario/Usuario Principal | Periodo Emblemático de Uso | Tipo de Vehículo | Características Destacadas | Uso Principal |
|---|---|---|---|---|---|
| Rolls-Royce Phantom IV | Realeza Británica (Isabel II), Jefes de Estado (Franco en España) | 1950s - Presente (uso ceremonial) | Limusina / Descapotable | Motor 8 cil. en línea, Espíritu del Éxtasis arrodillado, Carrocería personalizada, Exclusivo para Jefes de Estado/Realeza | Actos ceremoniales y de estado de alta relevancia |
| Rolls-Royce / Bentley State Car | Realeza Británica (Carlos III y miembros de alto rango) | Actualidad | Limusina de batalla larga | Colores oficiales (Burdeos/Negro), Sin matrícula, Techo elevado, Ventanas grandes, Accesorios para escudo/bandera | Actos públicos, ocasiones formales y de estado, viajes oficiales |
| Cupra Formentor VZ / Híbrido | Rey Felipe VI (España) | Actualidad (uso personal/familiar) | SUV Coupé | Fabricado en España, Alto rendimiento (VZ 333CV), Versión híbrida enchufable (Etiqueta Cero, hasta 100km eléctricos) | Desplazamientos personales, vacaciones, actos familiares |
Preguntas Frecuentes sobre los Coches Reales
- ¿Cuál es el coche más famoso asociado a la Reina Isabel II?
- El Rolls-Royce Phantom IV es uno de los más emblemáticos, declarado coche oficial al inicio de su reinado. Sin embargo, también utilizó posteriormente modelos como el Phantom V y Phantom VI.
- ¿Cuántas unidades del Rolls-Royce Phantom IV se fabricaron?
- Se fabricaron un total de dieciocho unidades entre 1950 y 1956. De estas, dieciséis se conservan hoy en día.
- ¿La realeza británica usa solo Rolls-Royce?
- No. Aunque Rolls-Royce ha sido un proveedor clave de coches de estado, la flota actual incluye Bentleys como State Cars, así como Land Rovers y Range Rovers para otros usos oficiales. Históricamente, Daimlers fueron los coches de estado predominantes durante décadas.
- ¿Los coches oficiales de la realeza británica tienen matrícula?
- Los "State Cars" principales y los "State Royal Review Vehicles" no llevan placas de matrícula. Sin embargo, otros vehículos de la flota oficial, así como los coches personales, sí las tienen.
- ¿Qué colores identifican a los coches de estado británicos?
- Los coches de estado suelen estar pintados en dos tonos: Royal Claret (un color vino oscuro) por debajo de la línea de cintura y Masons Black (negro) por encima, a menudo con una fina línea roja.
- ¿Qué coche usa el Rey Felipe VI de España en su día a día?
- Para uso personal y familiar, el Rey Felipe VI ha sido visto utilizando modelos de la marca española Cupra, como el Cupra Formentor VZ y su versión híbrida enchufable.
- ¿Se siguen usando los Rolls-Royce Phantom IV en España?
- Sí. Los tres Phantom IV adquiridos en 1952 y custodiados por el Ejército de Tierra se utilizan ocasionalmente para los actos de estado más importantes y solemnes de la monarquía española, como juras de Constitución o bodas reales.
La historia de los coches reales es un fascinante entrelazado de tecnología, lujo, ceremonia y tradición. Desde los primeros Daimlers que reemplazaron a los carruajes, pasando por el exclusivo Rolls-Royce Phantom IV que sirvió a varias naciones, hasta los vehículos modernos y más "terrenales" utilizados hoy en día, cada automóvil cuenta una parte de la historia de las monarquías y su evolución en el siglo XXI. Son más que máquinas; son testigos rodantes de la historia.
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