06/06/2026
El transporte ha sido, desde tiempos inmemoriales, un pilar fundamental en el desarrollo de las sociedades humanas. La necesidad de desplazarse, comerciar e interactuar ha impulsado la innovación constante en los medios utilizados para tal fin. Mientras el siglo XIX veía la consolidación de métodos de transporte con siglos de existencia, la llegada del siglo XX traería consigo una revolución tecnológica que cambiaría para siempre la forma en que nos movemos.

Transportes Cotidianos a Fines del Siglo XIX
A finales del siglo XIX, el panorama del transporte cotidiano aún estaba dominado por medios que se basaban principalmente en la fuerza animal o la navegación de pequeña escala. En muchas ciudades y regiones, los transportes como las trajineras seguían siendo esenciales para la movilidad en zonas acuáticas, el transporte de mercancías y personas a través de canales y ríos.

En tierra, los caminos y las calles eran surcados por carretas, utilizadas tanto para el transporte de carga como de pasajeros en distancias cortas. Para viajes más largos y confortables, o para el traslado de personas de mayor estatus social, los carruajes y las diligencias eran la opción predilecta. Estos vehículos, a menudo tirados por caballos, permitían conectar ciudades y pueblos, aunque los viajes podían ser lentos e incómodos dependiendo del estado de las vías.
Dentro de los entornos urbanos, los coches de alquiler, precursores de los taxis modernos, ofrecían un servicio de transporte individualizado. Y en algunas zonas, especialmente donde las distancias eran considerables pero no justificaban una infraestructura ferroviaria compleja, los trenes de mulitas, consistentes en vagones tirados por mulas sobre rieles, proporcionaban un servicio de transporte colectivo. Muchos de estos medios se mantuvieron en uso activo incluso bien entrado el siglo XX, coexistiendo con las nuevas tecnologías que emergían.
El Alba del Siglo XX y la Revolución Motorizada
El inicio del siglo XX marcó un antes y un después en la historia del transporte terrestre. Esta centuria fue testigo de una verdadera revolución impulsada por la consolidación del vehículo con motor, lo que hoy conocemos como el automóvil. Esta invención no solo prometía mayor velocidad y autonomía, sino que sentó las bases para una diversificación sin precedentes en cuanto a tecnología, tamaño y diseño de los vehículos.
La invención de la rueda, alrededor del 3500 a.C., fue el primer gran hito en la historia del transporte terrestre, permitiendo el desarrollo de carros rudimentarios tirados por animales. Siglos después, con las primeras carreteras o caminos pavimentados, la eficiencia del traslado de personas y mercancías mejoró notablemente. El primer vehículo mecánico conocido data de 1672, diseñado por Ferdinand Verbiest, mientras que el primer vehículo autopropulsado moderno se atribuye a Nicolas-Joseph Cugnot en el siglo XVIII.
La Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX, con la introducción de la máquina de vapor, fue crucial. Aunque facilitó el desarrollo de ferrocarriles y nuevas infraestructuras viales, las carreteras continuaron siendo vitales para conectar regiones más pequeñas. El hito del automóvil moderno llegó en 1886 con la patente de Carl Benz, y en 1896, Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach inventaron el primer camión, que con una capacidad de 1,500 kg y una velocidad máxima de 12 km/h, auguraba una nueva era para el transporte de carga. La invención del motor diésel en 1930 mejoraría aún más la eficiencia de estos vehículos.
La Evolución del Transporte Público en la Capital
La Ciudad de México es un ejemplo palpable de esta evolución, donde el transporte público experimentó transformaciones radicales a lo largo del siglo XX.
El Amanecer Eléctrico: Tranvías y Trolebuses
La modernización comenzó el 15 de enero de 1900 con la puesta en marcha del primer tranvía eléctrico. Este nuevo sistema, que conectaba el zócalo con Tacubaya, significó un descanso para las mulitas que antes tiraban de los vagones y permitió a los pasajeros llegar a su destino más rápidamente.
El primer tren eléctrico fue ensamblado en los talleres de Indianilla por la compañía JG Brill. Contaba inicialmente con 24 asientos de madera, cortinillas parasol en sus doce ventanas y se desplazaba a una velocidad promedio de 30 km/h. El conductor, uniformado, operaba de pie en un espacio semicubierto. Con el tiempo, estos tranvías crecieron en tamaño, ofreciendo capacidad para 36 y hasta 48 personas sentadas. Dieron servicio hasta mediados del siglo XX.
En 1954, una nueva generación de tranvías hizo su aparición: los PCC o "Pennsylvania Car Company". Con una silueta aerodinámica y un distintivo esquema de colores marfil con franjas verde oscuro, estos tranvías tenían capacidad para 100 pasajeros, con la mitad de ellos en asientos de piel. Destacaban por su marcha silenciosa, aceleración suave y potente, y puertas automáticas. Diseñados por Westinghouse y General Electric, alcanzaban hasta 60 km/h. Son recordados, entre otras cosas, porque niños y jóvenes intrépidos a menudo viajaban gratis "de mosca" en la parte posterior. Dejaron de operar como tranvías en 1984, pero sus vagones fueron reconfigurados para formar el Tren Ligero, extendiendo su vida útil en algunas rutas hasta 1995.
A mediados del siglo XX también llegaron los trolebuses. El modelo Westram, introducido en 1951 con 20 unidades, representó una notable innovación al utilizar grandes llantas de hule en lugar de rieles, lo que les otorgaba mayor libertad de movimiento. Eran silenciosos y podían aumentar su velocidad con facilidad.
Otros modelos destacados de trolebuses fueron el Moyada, con 12 metros de largo y 18 toneladas de peso, y el Brill, ligeramente más corto pero más pesado (20 toneladas). En este último, se podían ver avisos importantes para los pasajeros, como el precio del boleto (inicialmente 35 centavos, luego 50 y 60), la exigencia del boleto, la prohibición de distraer al operador, la obligación de pagar pasaje para niños que ya caminaban, y la prohibición de subir con bultos grandes o sucios.
El Salto al Subterráneo: El Metro
El Sistema de Transporte Colectivo Metro llegó en 1969 como una respuesta masiva a la creciente crisis de transporte público que la Ciudad de México experimentaba desde mediados de siglo. Ni camiones urbanos, tranvías, trolebuses o taxis lograban dar abasto a los cerca de ocho millones de pasajeros diarios de la época.
Bajo la administración del Ing. José Antonio Padilla Segura, se construyó e inauguró este transporte masivo subterráneo, con capacidad para trasladar a 120 mil personas por hora. Su implementación fue un paso gigante para solucionar el problema de movilidad en la capital a fines de los años sesenta. Paralelamente, se adquirieron 305 trolebuses adicionales y se amplió su red en 49 kilómetros.
La Era del Autobús Urbano
El origen de los camiones de pasajeros en la Ciudad de México se remonta a 1917, cuando una huelga de tranviarios llevó a la improvisación de un servicio de transporte. Personas colocaron plataformas de madera con bancas sobre chasis con motor, cubiertas con toldos, para ofrecer una alternativa a los tranvías eléctricos.

A lo largo de seis décadas, estos "camioneros" se consolidaron como un gremio poderoso, no solo por la necesidad social que cubrían, sino también por su base de apoyo a los regímenes postrevolucionarios y sus estrechos vínculos con las autoridades. La industria automotriz evolucionó, y con ella, surgieron diversos modelos de autobuses urbanos que marcaron la vida cotidiana de los capitalinos.
Modelos Emblemáticos de Autobuses
Desde mediados hasta finales del siglo XX, una "pasarela" de autobuses urbanos circuló por la ciudad, cada uno con características distintivas:
Los "Pistaches"
Identificados por su combinación de color verde claro y blanco, la mayoría de estos autobuses eran "trompudos", con el motor ubicado en la parte frontal. Sus carrocerías fueron fabricadas por CASA, IMSA y TYCSA sobre chasises Ford, GMC e International Harvester. Cubrían rutas importantes como Santa María-Mixcalco. Tenían transmisión manual, asientos corridos a lo largo y puertas de subida (frontal) y bajada (a la mitad), además de una puerta de emergencia detrás del conductor. El pasaje costaba 30 centavos. Algunos seguían en servicio hacia 1978.
Los "Chatos"
Aparecieron a mediados de los años cincuenta. Su sobrenombre contrastaba con los "trompudos" al tener el motor al frente, pero debajo del área del conductor, lo que generaba ruido y calor. Eran de color amarillo crema, con ventanas corredizas de aluminio y asientos agrupados en módulos para dos personas mirando al frente, en lugar de bancas corridas. El número y nombre de la ruta se mostraba prominentemente. Destacaban por su longitud y un par de ventilas en el techo para refrescar el interior. El costo era de 40 centavos y circularon hasta principios de los setenta.
Las "Vitrinas"
Estos autobuses, que dieron servicio entre 1960 y 1970, recibieron su nombre por sus grandes parabrisas cuadrangulares. Las ventanas, ahora corredizas lateralmente, eran menos numerosas pero abarcaban todos los asientos. Una innovación clave fue la reubicación del motor a la parte posterior y la introducción de transmisión automática. La carrocería, fabricada por CASA sobre chasises GMC, FORD y DODGE, servía rutas como Villa Álvaro Obregón. Costaban 50 centavos.
Una segunda versión de la "vitrina" apareció cerca de las Olimpiadas de 1968, con un parabrisas en forma de prisma. En el interior, combinaban filas de dos asientos mirando al frente con asientos de tres personas alineados a la carrocería, tapizados en vinil verde olivo. Heredaron el color amarillo cremoso de los "chatos".
Los "Delfines"
Lanzados en 1973 por CASA y DINA, los "delfines" fueron un modelo revolucionario con una producción de 2,360 unidades y éxito de exportación. El boleto costaba un peso y se prohibía ir de pie para maximizar el espacio para sus 41 asientos acolchonados de vinil café claro. A mediados de 1976 ya había más de 5,500 unidades. Innovaciones notables incluían ventanas panorámicas polarizadas, torniquete de acceso y motor diésel menos contaminante. Pequeñas figuras cromadas de delfín en la carrocería daban nombre al modelo, y timbres a lo largo del camión permitían solicitar la parada.
Las "Ballenas"
Quizás el último modelo identificado por un sobrenombre, los "ballenas" surgieron a mediados de los setenta. Se menciona que eran reconstrucciones de los "vitrina". Combinaban los colores azul y blanco, mostraban dibujos de ballenas en sus costados y podían albergar a un promedio de 80 pasajeros (sentados y de pie).
Un Proyecto Ambicioso: Ruta 100
En la década de los ochenta, el gobierno capitalino revocó las concesiones a 86 empresas privadas que operaban el transporte público en autobús, debido a malas prácticas y abusos. Por decreto presidencial, el 25 de septiembre de 1981, se creó el organismo público descentralizado Autotransportes Urbanos de Pasajeros Ruta 100. Su objetivo era tomar el control del servicio con los más de siete mil autobuses existentes (aunque solo dos mil circulaban inicialmente).
A partir de 1983, todos los autobuses fueron pintados de amarillo con franjas café y llevaban el logotipo de la R con el número 100. Posteriormente, se adquirieron nuevas unidades de fabricación nacional (MASA SOMEX) y 1,010 unidades adicionales, incluyendo 170 autobuses articulados. Se introdujeron colores gris con franjas azul y verde para simbolizar motores ecológicos.
Ruta 100 es considerada por algunos como uno de los mejores proyectos de movilidad en la ciudad, propiciando una "época de oro del servicio público de transporte" en poco más de una década. Sin embargo, graves problemas administrativos, económicos y laborales llevaron a su quiebra en 1995, dando paso a un nuevo esquema basado en combis y microbuses.
Tabla Comparativa: Autobuses Urbanos Emblemáticos (Ciudad de México)
| Modelo | Era Principal | Motor | Color(es) | Costo Aprox. (Época) | Características Destacadas |
|---|---|---|---|---|---|
| Pistaches | Mediados Siglo XX - ~1978 | Frontal ("trompudo") | Verde Pistache / Blanco | 30 centavos | Asientos corridos, 2 puertas de pasajeros + 1 emergencia |
| Chatos | Mediados 50s - Principios 70s | Frontal (bajo conductor) | Amarillo Crema | 40 centavos | Ventanas corredizas, asientos modulares, ventilas en techo |
| Vitrinas | 1960s - 1970s | Posterior | Variable (Amarillo Crema, otros) | 50 centavos | Grandes parabrisas, transmisión automática, ventanas laterales |
| Delfines | 1973 - ~1995 (incl. Ruta 100) | Posterior (Diésel) | Variable (incl. exportación), después Amarillo/Café (Ruta 100) | 1 peso | Ventanas panorámicas, asientos acolchados, torniquete, figuras de delfín |
| Ballenas | Mediados 70s - ~1995 (incl. Ruta 100) | Variable (reconstrucción Vitrinas) | Azul / Blanco, después Amarillo/Café (Ruta 100) | Variable | Dibujos de ballenas, alta capacidad (~80 pasajeros) |
Nota: Los costos y eras son aproximados y basados en la información proporcionada para la Ciudad de México.
Contexto Histórico Amplio: Desde los Orígenes
Para entender la magnitud de estos cambios, es útil mirar aún más atrás. La invención de la rueda y el desarrollo de caminos fueron los primeros pasos cruciales. Los carros tirados por animales dominaron el transporte terrestre durante milenios, siendo el principal medio de transporte de mercancías hasta la llegada del ferrocarril en el siglo XIX.
La Revolución Industrial, aunque impulsó el ferrocarril para largas distancias, también fomentó la mejora de las carreteras para soportar el creciente tráfico. El siglo XX, con la popularización del motor de combustión interna en automóviles y camiones, permitió un transporte más ágil y masivo, expandiendo las redes viales y la logística. La construcción de autopistas modernas en la primera mitad del siglo XX facilitó aún más el flujo de tráfico y la conexión entre ciudades.
Hoy en día, el transporte terrestre enfrenta nuevos desafíos con la transición hacia vehículos híbridos y eléctricos, impulsados por la necesidad de reducir emisiones. La tecnología, con herramientas como el Internet de las Cosas y la gestión de flotas, sigue jugando un papel vital en la mejora de la eficiencia y seguridad del transporte.
Preguntas Frecuentes
- ¿Cuáles eran los transportes más comunes a fines del siglo XIX?
- A fines del siglo XIX, los transportes cotidianos incluían trajineras, carretas, carruajes, diligencias, coches de alquiler y trenes de mulitas.
- ¿Cuándo comenzó a operar el primer tranvía eléctrico en la Ciudad de México?
- El primer tranvía eléctrico comenzó a circular en la Ciudad de México el 15 de enero de 1900.
- ¿Qué innovación importante trajeron los trolebuses respecto a los tranvías eléctricos?
- Los trolebuses, como el modelo Westram de 1951, introdujeron grandes llantas de hule que les permitían mayor libertad de movimiento al no depender de rieles.
- ¿Cuándo se inauguró el Sistema de Transporte Colectivo Metro en la Ciudad de México?
- El Metro de la Ciudad de México llegó en 1969 como respuesta a la crisis de transporte público de la época.
- ¿Qué fue la Ruta 100?
- Ruta 100 fue un organismo público descentralizado creado en 1981 por el gobierno capitalino para operar el servicio de transporte público en autobús, tras revocar las concesiones a empresas privadas.
- ¿Cuáles fueron algunos de los modelos de autobuses urbanos emblemáticos en la Ciudad de México?
- Entre los modelos emblemáticos se mencionan los "Pistaches", "Chatos", "Vitrinas", "Delfines" y "Ballenas", cada uno con características y periodos de servicio distintos.
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