23/05/2020
La ciencia, motor del progreso humano, no opera en un vacío moral. Constantemente se ve confrontada con cuestiones de naturaleza ética que influyen de manera decisiva en su evolución y en la confianza que la sociedad deposita en ella. Analizar, debatir y anticipar estos desafíos es una tarea de primera magnitud para garantizar que el avance científico se alinee con los valores fundamentales de nuestra sociedad.

La influencia de la ética en la evolución de la ciencia es un factor ineludible. Internamente, la actividad científica se rige por regulaciones, a menudo establecidas por instituciones políticas en forma de ley, como las normas bioéticas para trabajar con individuos o muestras humanas. El acceso a datos clínicos o de comportamiento social, respetando la privacidad, es un ejemplo reciente de estos debates internos. Además, el método científico mismo requiere de reglas de integridad rigurosas, fundamentales para su credibilidad. Estas reglas suelen plasmarse en Códigos de Buenas Prácticas, que abordan desde la relación entre investigadores hasta la publicación de resultados.
Pero la ciencia también participa activamente en debates externos. Su dictamen es solicitado para la toma de decisiones políticas y por diversas instancias sociales. La comunicación de estas opiniones es compleja. Surgen debates profundos cuando los resultados científicos plantean cuestiones sobre sus consecuencias, tanto en el mundo de las ideas como en sus aplicaciones prácticas, poniendo en juego los valores que sustentan a las sociedades.
Integridad Científica: El Pilar Fundamental
La credibilidad de la ciencia descansa en la integridad de quienes la practican. Sin embargo, periódicamente salen a la luz casos de fraude y mala conducta, no restringidos a un campo específico o país. La preocupación pública por estos temas se intensificó en las últimas décadas tras informes de conductas reprobables como el plagio, la falsificación o la invención de datos, acciones que suelen englobarse bajo el concepto de 'fraude'.
Lamentablemente, el concepto de mala conducta científica es más amplio que el fraude. Podríamos definirlo como cualquier amenaza a la integridad del proceso investigador. Existen otras actividades clasificadas como falta de integridad científica, a menudo descritas como 'parafraude'. Estas incluyen exigir autoría sin haber participado, duplicar o fragmentar publicaciones innecesariamente, realizar citas incorrectas, sesgos de publicación (como no publicar resultados que no apoyan la hipótesis), no controlar exhaustivamente experimentos, o rechazar la publicación o financiación de trabajos de la competencia por motivos espurios. El parafraude, aunque posiblemente más frecuente, es difícil de detectar y prevenir.
Existe una zona gris donde es complicado distinguir entre simples descuidos, incompetencia o ignorancia y la mala conducta deliberada o el fraude científico.
Estadísticas sobre Mala Conducta
Aunque se podría pensar que los casos de mala conducta son infrecuentes, las encuestas sugieren lo contrario. Un promedio ponderado del 1.97% de los científicos encuestados admitió haber fabricado, falsificado o modificado datos o resultados al menos una vez (fraude). Un porcentaje mucho mayor, el 33.7%, admitió otras prácticas de investigación cuestionables. Cuando se les preguntó por el comportamiento de sus colegas, las cifras aumentaron significativamente: un 14.12% reportó falsificación y hasta un 72% otras prácticas cuestionables. Dado que estas encuestas abordan temas sensibles, es probable que estas cifras sean estimaciones conservadoras de la verdadera prevalencia de la mala conducta científica.
Factores que Influyen en la Falta de Integridad
La falta de integridad científica puede deberse a múltiples factores. Los factores personales, como la debilidad humana ante la tentación de tomar atajos, son una explicación posible. Sin embargo, a menudo se solapan con circunstancias organizativas. La ausencia o ineficiencia de sistemas de control, o la presión extrema del sistema académico para publicar ('publish or perish'), pueden empujar a los investigadores a realizar actuaciones reprobables.
La mala conducta en la investigación es un problema grave porque socava la confianza pública en la ciencia, daña la relación con las agencias financiadoras y desincentiva la participación de voluntarios y sujetos de investigación en futuros proyectos.
Códigos de Buenas Prácticas Científicas (CBPC)
Para fomentar la calidad de la investigación y prevenir problemas de integridad, se han desarrollado los Códigos de Buenas Prácticas Científicas (CBPC). Estos son conjuntos de reglas, recomendaciones y compromisos para ser observados por el personal científico, centros de investigación y organismos financiadores. La Ley 14/2007, de Investigación Biomédica en España, por ejemplo, encomendó al Comité de Bioética de España la elaboración de principios generales para estos códigos, que luego serían desarrollados por los Comités de Ética de la Investigación.
Las recomendaciones del Comité de Bioética de España (CBE) buscan fomentar un comportamiento responsable. A pesar de que numerosas instituciones cuentan con estos códigos, a menudo tienen rango de recomendación en lugar de norma obligatoria. La formación en buenas prácticas científicas en programas de doctorado y formación de investigadores sigue siendo una tarea pendiente en muchos lugares.
Aspectos Clave de los CBPC
Los CBPC suelen abordar diversos aspectos de la práctica investigadora:
- Relación supervisor-supervisado: Establecen la necesidad de un mentor para el personal en formación, con una carga de trabajo adecuada, y la obligación del supervisado de seguir consejos, informar avances y reconocer contribuciones.
- Acceso y uso de recursos: Subrayan el uso eficiente y responsable de recursos materiales y económicos públicos, administrándolos con austeridad. También dictan la conservación obligatoria de protocolos experimentales, datos originales y materiales por un periodo mínimo (generalmente 5 años), estipulando que la propiedad recae en la institución donde se realizó el trabajo.
- Condiciones de las publicaciones: Exigen que los resultados se publiquen de forma abierta, honesta, transparente y exacta, incluyendo aquellos que no confirman la hipótesis inicial. La no publicación injustificada es considerada una falta grave. Las publicaciones deben someterse a revisión por pares. Prohíben la publicación duplicada o redundante, y la fragmentada sin justificación editorial. Es crucial incluir todas las referencias pertinentes y evitar las injustificadas. El apartado de agradecimientos debe ser estricto y contar con autorización. Es fundamental evitar los autores honorarios o fantasmas, siguiendo criterios como los del ICMJE (International Committee of Medical Journal Editors). Se recomienda fijar por escrito y anticipadamente la contribución y orden de autoría.
- Evaluación por pares: Establecen pautas para los revisores, exigiendo que se basen en criterios científicos y no en opiniones personales. Se debe rechazar la revisión si existen conflictos de interés o falta de preparación. La información revisada es confidencial y no puede usarse en beneficio propio, compartirse, retenerse ni copiarse, debiendo ser destruida o devuelta.
- Discriminación: Las instituciones deben promover la igualdad de oportunidades, evitando cualquier discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, estado civil, opinión, orientación sexual o cualquier otra circunstancia. Deben existir políticas y mecanismos para detectar y abordar casos de acoso laboral o sexual.
La implementación y difusión efectiva de estos códigos sigue siendo un desafío importante.
Conflictos de Intereses
Una cuestión crucial en la relación entre ética y ciencia es la emergencia de la 'Academia-Industria', un concepto que describe la creciente interconexión entre la investigación académica y los intereses comerciales. Tradicionalmente, la Academia se veía como una república de individuos independientes buscando el conocimiento por sí mismo. Sin embargo, esta nueva institución social Academia-Industria, con objetivos que incluyen hacer rentable el conocimiento adquirido, plantea problemas formales y éticos.

Aunque Academia e Industria tienen puntos en común, sus protocolos de actuación e intereses individuales son muy diferentes. El mayor problema reside en definir su configuración y gobernanza, asegurando que esta relación no desnaturalice la esencia de ninguna de las partes. Someter la Academia a intereses exclusivamente utilitarios podría generar conocimiento sesgado y alejar tanto la actividad académica como la industrial de procederes éticos y de la búsqueda de beneficios sociales amplios. Para mantener la esencia de cada parte y generar sinergias, es fundamental que los intereses queden claros desde el principio y se mantenga lo propio de cada ámbito.
En la Academia-Industria, la organización y aplicación del conocimiento buscan la rentabilidad, no solo monetaria. La gobernanza de esta institución, que involucra a financiadores y gestores, es un asunto ético clave. La transparencia y la eficacia, compatibles con códigos éticos sólidos, son principios fundamentales.
Asesoramiento Científico y Debates Públicos
Los científicos son frecuentemente requeridos para asesorar en cuestiones de interés público donde los datos científicos son esenciales. El cambio climático es un ejemplo notorio, con debates complejos que requieren paneles de expertos para consensuar informes basados en miles de publicaciones. A pesar de ello, la participación de los científicos en estos debates, a menudo enfrentados a opiniones diversas, es crucial, aunque puede ser compleja y generar conflictos de intereses.
Los conflictos de intereses son especialmente evidentes en comités de evaluación de fármacos o en publicaciones médicas, donde investigadores pueden tener relaciones financieras con empresas, lo que podría afectar su imparcialidad. Esto ha llevado a la exigencia de declaraciones públicas de conflictos de intereses en muchos comités consultivos científicos.
La participación en instancias consultivas también puede tener consecuencias inesperadas, como mostró el caso de los geólogos implicados en el análisis del terremoto de L'Aquila en 2009, que fueron acusados penalmente tras emitir una opinión, aunque finalmente absueltos. Este caso subraya los diferentes tipos de responsabilidad que pueden surgir del asesoramiento científico.
Los debates sobre las aplicaciones de las biotecnologías modernas son otro ejemplo. Los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) han generado una fuerte oposición, especialmente en Europa, a pesar de las regulaciones estrictas. Los científicos participan en la evaluación y asesoramiento, a menudo en posiciones enfrentadas a grupos activistas, lo que puede complicar su posición e incluso afectar la inversión en ciertas áreas de investigación.
Otro debate ético intenso se centra en las células madre de origen embrionario humano. Su potencial para la regeneración de tejidos es ampliamente reconocido, pero su uso, que implica la destrucción de embriones, genera discusiones, especialmente por motivos religiosos y éticos. Esto ha llevado a decisiones políticas dispares en diferentes países, impactando la investigación en biología del desarrollo.
Estos ejemplos demuestran cómo los debates científicos se entrelazan con valoraciones éticas, económicas, sociales e incluso religiosas. La función del científico es vital, pero puede implicar situaciones difíciles, incluyendo acusaciones legales. Las Sociedades Científicas tienen un papel crucial en defender las posiciones basadas en la evidencia y en ejercer una pedagogía tanto hacia los científicos como hacia la sociedad.
¿Qué pasa si no hay ética en la ciencia?
La ausencia de ética en la ciencia tendría consecuencias devastadoras. Sin principios éticos que guíen la investigación, se abre la puerta a la mala conducta generalizada: fraude, falsificación de datos, plagio. Esto destruiría la credibilidad de los resultados científicos, haciendo imposible distinguir entre el conocimiento genuino y la información fraudulenta. La confianza del público, de los financiadores y de los participantes en los estudios se erosionaría por completo.
Además, la falta de ética podría llevar a la ciencia a ignorar las posibles consecuencias negativas de sus descubrimientos y aplicaciones. Se priorizarían intereses particulares (económicos, políticos) sobre el bienestar social y los valores humanos fundamentales. Investigaciones potencialmente dañinas podrían realizarse sin escrutinio moral, y los resultados podrían ser utilizados de forma irresponsable. En esencia, sin ética, la ciencia perdería su brújula moral, convirtiéndose en una herramienta peligrosa sin control, despojada de su propósito de servir a la humanidad.
Conclusiones y Recomendaciones
La ética en la ciencia no es un apéndice, sino una parte intrínseca de la actividad investigadora. Abordar sus desafíos requiere acciones concretas:
- Promover la toma de conciencia de los requerimientos éticos entre los científicos.
- Participar activamente en los debates que dan forma a la legislación sobre ciencia.
- Definir e implementar efectivamente Códigos de Buenas Prácticas Científicas en todas las instituciones.
- Reflexionar sobre cómo los cambios tecnológicos, como el entorno digital, impactan la evaluación y publicación científica.
- Estimular la discusión en temas donde las consideraciones éticas son primordiales, fortaleciendo el papel de los Comités de Bioética y Ética existentes.
La creación de un órgano de arbitraje independiente a nivel nacional para gestionar los problemas de integridad científica, como existe en otros países, es una recomendación importante. Aunque su implementación en España podría plantear desafíos por las competencias autonómicas y la autonomía universitaria, un pacto por la integridad en la investigación, con la participación de múltiples instituciones, podría ser un camino para fortalecer este aspecto crucial.
Preguntas Frecuentes sobre Ética en la Ciencia
- ¿Qué es la integridad científica?
- La integridad científica se refiere al conjunto de principios y normas que rigen la conducta honesta y responsable en todas las etapas de la investigación, desde el diseño hasta la publicación y aplicación de los resultados.
- ¿Cuál es la diferencia entre fraude y parafraude?
- El fraude científico incluye acciones deliberadas como falsificación, fabricación o plagio de datos. El parafraude abarca un conjunto más amplio de prácticas cuestionables que, sin ser necesariamente fraude directo, amenazan la integridad del proceso, como la autoría injustificada, la publicación duplicada o sesgada, o la revisión por pares con conflictos de interés.
- ¿Por qué son importantes los Códigos de Buenas Prácticas Científicas?
- Son fundamentales para establecer pautas claras de comportamiento ético, prevenir la mala conducta, fomentar un ambiente de trabajo justo y respetuoso, y garantizar la calidad y credibilidad de la investigación científica.
- ¿Qué son los conflictos de intereses en la ciencia?
- Ocurren cuando los intereses personales (financieros, profesionales, etc.) de un científico o institución podrían influir, o parecer influir, en su juicio profesional o en la objetividad de su investigación o asesoramiento.
- ¿Cómo afecta la falta de ética a la confianza pública en la ciencia?
- La mala conducta y la falta de transparencia erosionan la confianza del público al generar dudas sobre la veracidad y objetividad de los resultados científicos, lo que puede tener consecuencias negativas para la financiación, la participación en estudios y la aceptación de hallazgos importantes (como en el caso del cambio climático o las vacunas).
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