03/04/2022
El Condado de Treviño es un territorio con una historia tan rica como compleja, marcado por su singularidad geográfica y administrativa. Situado como un enclave dentro de la provincia de Álava, su pertenencia a la provincia de Burgos, en Castilla y León, es el resultado de un largo y fascinante recorrido histórico que se remonta a tiempos inmemoriales.

La presencia humana en la comarca del Condado de Treviño es notable desde épocas muy tempranas. Gracias a la abundancia de restos prehistóricos hallados en la zona, se sabe que este territorio ya estaba habitado miles de años antes de nuestra era. Su ubicación geográfica, en los límites de los antiguos territorios ocupados por las tribus prerromanas de várdulos, caristios y autrigones, le confirió una importancia estratégica considerable. Era un punto de encuentro, y posiblemente de fricción o intercambio, entre estas culturas, lo que sin duda moldeó su carácter inicial.
Orígenes Remotos: De la Prehistoria a los Reinos Prerromanos
La huella de los primeros pobladores es clara en Treviño. Los yacimientos atestiguan una ocupación continuada desde la prehistoria. Con la llegada de las estructuras sociales más complejas de la Edad del Hierro, el territorio de lo que hoy conocemos como Condado de Treviño se encontró en una posición limítrofe entre las áreas de influencia de diferentes pueblos. Várdulos, caristios y autrigones compartían o disputaban este espacio, lo que subraya su valor estratégico, probablemente ligado a rutas naturales o al control de recursos. Esta confluencia de culturas y su importancia geográfica sentaron las bases para futuros desarrollos políticos y administrativos.
Ya en los albores del siglo XI, en los albores de la Reconquista y la consolidación de los reinos cristianos en la península ibérica, esta área aparece documentada. En un documento fundamental de 1025, parte del cartulario del monasterio de San Millán de la Cogolla, conocido como la Reja de San Millán, se menciona entre las comarcas alavesas la de Río Ivita o Rigo de Ivita. Esta denominación hacía referencia a la cuenca del río Ayuda, un afluente del Zadorra, delimitada geográficamente por los montes de Vitoria al norte y las sierras de Toloño y Cantabria al sur. La mención en la Reja de San Millán es vital, pues sitúa a esta comarca dentro de la órbita alavesa en ese periodo temprano, aunque su destino histórico tomaría pronto un camino diferente.
Un hito crucial en la historia del territorio fue la fundación de la villa de Treviño. Fue el rey Sancho VI de Navarra, conocido como Sancho el Sabio, quien, en la comarca de Río Ivita (mencionada en la Reja de San Millán), decidió establecer una nueva población fortificada. La fundación tuvo lugar alrededor del año 1161, aunque algunos historiadores sugieren una fecha ligeramente anterior, hacia 1151. La falta de conservación del texto foral original que otorgaba privilegios y regulaba la vida de la villa impide fijar la fecha exacta con total certeza. Sin embargo, estas fechas se han podido estimar gracias a referencias encontradas en los fueros concedidos a villas cercanas, como La Puebla de Arganzón o la propia Vitoria.
La fundación de la villa de Treviño por un monarca navarro tuvo una consecuencia inmediata y trascendental: supuso una segregación, en la práctica, de la organización territorial alavesa preexistente. Al fundar la villa, el rey de Navarra la vinculaba directamente a su propia autoridad y señorío. Esto significaba que la villa y su alfoz (el territorio circundante bajo su jurisdicción) dependían ahora de la corona de Navarra, estableciendo una distinción clara respecto al resto de la comarca de Ivita y, en general, del territorio alavés de esa época.
Bajo la Corona de Castilla: Conquista y Reorganización
La situación política en la península ibérica era fluida en el siglo XII. La comarca, que aún se conocía por sus nombres originales como Ivita o Ibidam, no tardaría en cambiar de manos. Entre 1199 y 1200, el rey Alfonso VIII de Castilla llevó a cabo una importante campaña militar que resultó en la conquista de gran parte del territorio alavés, incluyendo la villa y la comarca de Treviño. A pesar de la incorporación al Reino de Castilla, la villa y su territorio mantuvieron una «personalidad propia» en relación con el resto de la tierra alavesa. Este hecho fue destacado por cronistas de la época, como el Arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada en su obra De rebus Hispaniae, quien señalaba cómo Treviño conservaba ciertas particularidades.
La preponderancia de la villa de Treviño comenzó a acentuarse a partir de los fueros que recibió de los monarcas castellanos. En 1254, el rey Alfonso X de Castilla, conocido como el Sabio, otorgó nuevos privilegios y regulaciones a la villa. Este impulso real contribuyó a que el nombre de Treviño empezara a eclipsar el antiguo nombre de la comarca, Uda. La comarca, poco a poco, comenzó a ser conocida simplemente como "de Treviño" en lugar de "de Uda". Durante aproximadamente un siglo, la villa fue citada en documentos como "Treviño de Uda", un topónimo que reflejaba la transición y la pervivencia de la antigua denominación de la comarca.
Treviño y la Cofradía de Álava
La incorporación a Castilla generó diferentes estructuras administrativas en el territorio alavés. Una parte significativa de Álava se organizó bajo la figura de la Behetría, un sistema que implicaba una dependencia directa del rey, pero con una importante capacidad de autogobierno y la posibilidad de elegir a su señor entre un grupo determinado o incluso cambiar de señor. Sin embargo, Vitoria y Treviño, debido a su estatus previo como señoríos reales (Vitoria bajo la corona castellana y Treviño inicialmente bajo la navarra y luego conquistado por Castilla), quedaron directamente bajo la jurisdicción del monarca castellano. Esta diferencia de estatus es claramente señalada en la Crónica de Alfonso XI, capítulo 97, donde se distingue entre estas villas y "aquella tierra, sin aquestas villas, llamaban Confradía de Alava".
La Cofradía de Arriaga fue una institución fundamental que aglutinó a gran parte de la nobleza y las comunidades alavesas, representando una forma de organización territorial y política. En 1258, la Cofradía de Arriaga tomó una decisión trascendental: cedió la soberanía del Señorío de Álava al rey castellano Alfonso XI. A cambio de esta cesión, los miembros de la Cofradía lograron mantener muchos de sus privilegios. Este acto consolidó la autoridad real castellana en la mayor parte de Álava. Aún más relevante para Treviño, en 1332, en un acto celebrado en el Campo de Arriaga, la Cofradía de Arriaga reconoció explícitamente el señorío real sobre Treviño. Esto reafirmaba la dependencia directa de Treviño de la corona castellana, diferenciándola del resto del territorio alavés que había pasado por la cesión de la Cofradía.
Un evento trágico que ilustra el ejercicio del poder real en Treviño ocurrió en 1277. Simón Ruiz de los Cameros, un poderoso señor que se había rebelado contra el rey Alfonso X el Sabio, fue ejecutado en el municipio de Treviño por orden del monarca. Simón Ruiz fue quemado vivo en presencia del infante Sancho (el futuro Sancho IV), hijo de Alfonso X, quien lo había apresado previamente en Logroño. Este suceso, aunque sombrío, subraya la importancia estratégica y simbólica de Treviño como lugar donde el poder real se manifestaba de forma contundente.
El Condado de Treviño: Un Señorío Particular
La distinción de Treviño respecto al territorio alavés se acentuó aún más en el siglo XIV. En 1366, el rey Enrique II de Castilla, fundador de la dinastía Trastámara, decidió ceder el señorío de Treviño a Pedro Manrique I de Lara. Esta donación marcó un cambio fundamental: Treviño dejó de ser un señorío de realengo (dependiente directamente del rey) para convertirse en un señorío nobiliario, ligado a una de las familias más importantes de la nobleza castellana, los Manrique. La familia Manrique consolidó su poder sobre el territorio.
El estatus del señorío se elevó aún más en 1453. Por deferencia del rey Juan II de Castilla, el señorío de Treviño fue convertido en Condado, siendo su primer titular Diego Gómez Manrique de Lara y Castilla, biznieto de Garci Fernández Manrique. Esta elevación a condado otorgó a Treviño un rango y una importancia dentro de la jerarquía nobiliaria de la corona de Castilla. El centro de poder nobiliario, establecido en este enclave rodeado por territorio que mayoritariamente dependía de otra forma de administración (la alavesa, aunque bajo soberanía castellana), inició un período que a menudo se describe como de relativo aislamiento.
Durante este tiempo, una de las principales preocupaciones de los señores Manrique y de los habitantes del Condado era la gestión de los tributos señoriales. Estos tributos eran conocidos de forma particular como los "Moyos de pan de Treviño y Cerradura de los Montes". Ascendían a una cantidad considerable, estimada anualmente en 1400 fanegas de pan. Esta carga impositiva era pesada para los campesinos y habitantes del Condado. A mediados del siglo XV, el primer conde de Treviño, Diego Gómez Manrique, y su esposa, doña María de Sandoval, hija del conde de Castro, llegaron a un acuerdo para conmutar esta obligación en especie por un pago monetario fijo. Se estableció la obligación de entregar anualmente 30.000 maravedíes, lo que facilitaba la gestión tanto para los señores como para los tributarios, aunque no eliminaba la carga económica.
Aislamiento y las Hermandades
El sentimiento de aislamiento del Condado de Treviño culminó en los años centrales del siglo XV. Este periodo estuvo marcado por una inseguridad generalizada en el territorio, con el bandolerismo extendido y afectando a las poblaciones y caminos. Como respuesta a esta situación, se constituyeron las Hermandades en todo el territorio alavés. Estas Hermandades eran agrupaciones locales con fines de policía y seguridad, cuyo objetivo era perseguir y castigar a los malhechores y garantizar un mínimo de orden. El lema del escudo de Álava, "En aumento de la justicia contra malhechores", refleja precisamente el espíritu y la misión de estas Hermandades.
Sin embargo, el Condado de Treviño, bajo el señorío de los Manrique, pareció mantenerse al margen o participar de forma limitada en estas iniciativas conjuntas alavesas. Este aislamiento del movimiento de las Hermandades subraya la diferencia de su estatus administrativo y político respecto a la mayor parte de Álava. Mientras el resto del territorio se organizaba de forma mancomunada para hacer frente a un problema común, el Condado de Treviño, como señorío nobiliario con sus propias estructuras de poder y justicia, siguió un camino distinto, lo que reforzó su singularidad dentro del contexto geográfico alavés.
La Adscripción a Burgos: El Decreto de 1833
El evento que definió la configuración administrativa moderna del Condado de Treviño fue el Real Decreto de 1833. Este decreto, impulsado por el entonces Secretario de Estado de Fomento, Javier de Burgos, supuso una reorganización fundamental del mapa administrativo de España, creando la división provincial que, en sus líneas generales, perdura hasta nuestros días. El objetivo era establecer un sistema uniforme y centralizado.
En esta nueva división territorial, el Condado de Treviño, a pesar de estar geográficamente rodeado por la provincia de Álava (que fue adscrita a las Provincias Vascongadas), fue asignado a la provincia de Burgos, dentro de la región histórica de Castilla la Vieja. Esta decisión, basada en criterios históricos y jurisdiccionales previos (su larga dependencia de la corona de Castilla y posteriormente de un señorío castellano), consolidó el estatus de enclave que el Condado de Treviño mantiene hasta hoy. El diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz, publicado a mediados del siglo XIX, describe a Treviño ya en este contexto provincial burgalés, lo que confirma la efectividad y el impacto duradero del Decreto de 1833.
Preguntas Frecuentes sobre el Condado de Treviño
A menudo, la situación del Condado de Treviño genera dudas debido a su peculiaridad. Aquí respondemos a algunas preguntas habituales:
¿Dónde se encuentra geográficamente el Condado de Treviño?
El Condado de Treviño se encuentra geográficamente situado dentro del territorio de la provincia de Álava, en el País Vasco.
¿A qué provincia pertenece administrativamente el Condado de Treviño?
A pesar de su ubicación geográfica, el Condado de Treviño pertenece administrativamente a la provincia de Burgos, en la comunidad autónoma de Castilla y León.
¿Por qué el Condado de Treviño pertenece a Burgos si está en Álava?
Esta situación se remonta a decisiones históricas, especialmente al Real Decreto de 1833 que creó la división provincial moderna. Treviño fue asignado a Burgos debido a su larga historia de dependencia de la Corona de Castilla y posteriormente como señorío nobiliario castellano, a diferencia del resto de Álava.
¿Quién fundó la villa de Treviño?
La villa de Treviño fue fundada por el rey Sancho VI de Navarra, conocido como Sancho el Sabio, hacia mediados del siglo XII (aproximadamente en 1161 o 1151).
¿Cuándo se convirtió Treviño en Condado?
El señorío de Treviño fue elevado a la categoría de Condado en el año 1453 por el rey Juan II de Castilla, siendo el primer conde Diego Gómez Manrique.
¿Qué fue la Cofradía de Álava y qué relación tuvo con Treviño?
La Cofradía de Arriaga fue una organización alavesa que cedió la soberanía de Álava a Castilla en 1258. En 1332, reconoció el señorío real castellano sobre Treviño y Vitoria, confirmando la distinción administrativa de estas villas respecto al resto del territorio alavés.
¿Qué significó el período de las Hermandades para Treviño?
Las Hermandades fueron agrupaciones alavesas del siglo XV para combatir el bandolerismo. El Condado de Treviño, como señorío nobiliario, pareció mantenerse al margen de este movimiento general alavés, lo que acentuó su aislamiento y diferencia.
El Condado de Treviño es, por tanto, mucho más que un simple enclave geográfico. Es un territorio con una identidad forjada a lo largo de siglos, resultado de la interacción entre diferentes reinos, señoríos y estructuras administrativas. Desde sus orígenes prehistóricos y su fundación navarra, pasando por su incorporación a Castilla, su transformación en condado nobiliario bajo los Manrique, y finalmente su adscripción a la provincia de Burgos en 1833, cada etapa ha contribuido a configurar la singularidad de este histórico condado, un pedazo de Castilla enclavado en el corazón de Álava, con una historia que sigue fascinando y generando interés.
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